EE.UU. CAPTURA A MADURO EN OPERACIÓN MILITAR SECRETA: RUBIO, EL CEREBRO DEL GOLPE
En una audaz operación antes del amanecer del 3 de enero, fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro, marcando un giro dramático en la crisis del país sudamericano. El secretario de Estado Marco Rubio, el hombre fuerte detrás de la estrategia, emergió como el arquitecto de esta intervención sin precedentes en el hemisferio occidental.
Rubio, de 54 años y heredero político de la comunidad cubanoamericana de Florida, acumula un poder inusual: además de dirigir la diplomacia de EE.UU., es consejero de seguridad nacional, un doble rol no visto desde Henry Kissinger en los años 70. Fue él quien coordinó con la presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez —ex canciller de Maduro—, mientras el depuesto líder era trasladado a Nueva York para enfrentar cargos judiciales.
"No es una invasión, es el hemisferio occidental", declaró Rubio a la prensa, defendiendo la operación que expertos califican de ilegal. El gobierno de Trump insiste en que no ocupará Venezuela, pero impondrá condiciones: petróleo, estabilidad y el regreso forzado de migrantes venezolanos desde EE.UU.
De "Pequeño Marco" a titán de la política exterior
Hace una década, Donald Trump ridiculizaba a Rubio como "pequeño Marco" durante las primarias republicanas. Hoy, el exsenador es la pieza clave en la agenda de América Latina. Hijo de un camarero y una empleada de hotel que huyeron de Cuba antes de Castro, Rubio construyó su carrera en torno a derrocar regímenes izquierdistas.
Su obsesión con Venezuela, según analistas, es un trampolín para su verdadero objetivo: Cuba. "Quiere quebrar la dinámica de izquierdas en la región", señaló Alejandro Velasco, experto de la NYU. Con Maduro fuera, Rubio ya advirtió a La Habana: "Si estuviera en el gobierno, estaría preocupado".
El juego de poder
La operación fue minuciosa. Durante meses, Rubio tejió alianzas con halcones de Trump como Stephen Miller —cerebro de las políticas migratorias— y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Juntos estrangularon a Maduro: sanciones al cartel de los Soles, bloqueo naval y una recompensa de US$50 millones por su cabeza.
Pero hay un giro incómodo: la oposición venezolana, antes aliada de Rubio, quedó fuera del pacto. Trump desestimó a la líder María Corina Machado, mientras el gobierno negociaba con Rodríguez, una figura del chavismo. "No hablamos de democracia, hablamos de petróleo", admitió un asesor.
¿Qué sigue?
Rubio delineó tres fases:
- Estabilización: Evitar el caos con tropas estadounidenses en suelo venezolano.
- Saquear el petróleo: "Garantizar acceso justo" para empresas occidentales.
- Transición: Amnistía para opositores, pero sin elecciones inmediatas.
Mientras Maduro enfrenta un juicio en Nueva York, Rodríguez gobierna bajo la sombra de Washington. "Si no obedece, su suerte será peor que la de Maduro", advirtió Trump.
La nueva América Latina
Rubio proyecta su modelo a toda la región: apoyó a Milei en Argentina y a Bukele en El Salvador, mientras mira con recelo a gobiernos como el de México. Su meta, según analistas, es enterrar el ciclo de izquierdas en el continente. "Es poder puro, sin máscaras", resumió Velasco.
Con Cuba en la mira y Venezuela como botín, "pequeño Marco" se convirtió en el hombre más peligroso de América Latina. Y no piensa detenerse.





