El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue capturado el 3 de enero por fuerzas estadounidenses en una operación militar ordenada por Donald Trump, poniendo fin a 13 años de gobierno chavista. Maduro y su esposa, Cilia Flores, enfrentan cargos por narcotráfico y permanecen detenidos en una prisión de Nueva York desde entonces.
El operativo, precedido por semanas de tensiones diplomáticas y movimientos militares en el Caribe, culminó con la detención del mandatario en Caracas. Según The New York Times, Maduro había ignorado las advertencias de Estados Unidos y mantenía la esperanza de negociar hasta el último momento. Sin embargo, tras una llamada telefónica de cinco a diez minutos con Trump el 21 de noviembre, el presidente estadounidense consideró que su homólogo venezolano no tomaba en serio las exigencias de abandonar el poder.
En medio de estas presiones, las fracturas internas en Venezuela se profundizaron. Maduro enfrentó desconfianza hacia su vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, quien había concentrado poder al asumir los cargos de ministra de Petróleo y Finanzas. Rodríguez se encontraba en la isla de Margarita de vacaciones cuando funcionarios estadounidenses le advirtieron que iniciarían bombardeos si no cooperaba. Tras exigir pruebas de que Maduro seguía con vida, aceptó asumir temporalmente como presidenta interina.
El cerco militar y diplomático se intensificó tras la última oferta de Estados Unidos el 23 de diciembre, transmitida mediante Turquía. Maduro rechazó el acuerdo que le garantizaba inmunidad judicial y la protección de su patrimonio si abandonaba el poder. Esta decisión aceleró los planes finales de la operación militar que culminó con su captura.
El antiguo líder venezolano había cerrado el año con una celebración privada en Caracas, rodeado de familiares y amigos, mientras el Pentágono ultimaba detalles para la acción militar. Su estrategia de ganar tiempo y evitar la confrontación directa resultó infructuosa.
La detención de Maduro marca un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela, sumida en una profunda crisis política y económica bajo su mandato. La situación abre ahora un nuevo capítulo incierto para el país, con implicaciones significativas para la región y las relaciones internacionales.





