Lula se adelanta a Bolsonaro en un recuento de votos que mantiene a Brasil en una tensa expectativa

Brasil entero contiene la respiración. Al computarse el 84,33% del padrón electoral, Luiz Inacio Lula da Silva obtenía el 50,4 % de los votos frente al 49,6% del presidente Jair Bolsonaro. La ventaja es ínfima e inestable. La paridad con la que los candidatos llegaron a la segunda vuelta obligaba a esperar que se completara el escrutinio para saber el nombre del ganador de la contienda. Tanto Lula como su rival habían expresado su confianza en resultar ganadores. "Si Dios quiere, saldremos victoriosos. O, mejor dicho, Brasil saldrá victorioso", había expresado el capitán retirado.

"El pueblo está definiendo el modelo de Brasil que quiere. La gente está definiendo hoy un modelo de vida que quiere", dijo por su parte Lula al salir de la escuela donde había emitido su voto. No ha sido para el exmandatario, quien estuvo 580 días encarcelado, en el marco de un juicio por corrupción que fue anulado, un día cualquiera, sino "el más importante" de su vida. Lula llegó a esta instancia con una ventaja de entre cuatro y cinco puntos de las últimas encuestas. Pero los sondeos no acertaron los números del primer turno, cuando Bolsonaro obtuvo el 43% de las adhesiones, seis puntos más de los augurados.

El candidato del Partido de los Trabajadores, habló no obstante como un vencedor de la disputa. "Lo que me gustaría es que la transición fuera igual a la que Fernando Henrique Cardoso nos permitió hacer (en 2002) y que Dilma (Rousseff) no puede hacer porque fue objeto de un golpe (parlamentario)", dijo. También prometió viajar de inmediato a Estados Unidos, países de la Unión Europea y China, con la supuesta buena nueva sobre Brasil.

Tensión inédita

Nunca antes ese país llegó a una contienda electoral bajo la velada amenaza del desconocimiento del veredicto de las urnas así como numerosos hechos de violencia. "Una elección existencial: Brasil decide el futuro de la democracia en las urnas", dijo Bernardo Mello Franco, columnista de O Globo. En la misma edición de ese diario carioca, Merval Pereira lamentó que los brasileños, a 47 años de la recuperación de las instituciones, tuvieran que enfrentar todavía el "anacrónico desafío" de votar a favor de la democracia.

La jornada electoral no estuvo exenta de polémica. Observadores electorales internacionales, entre ellos pertenecientes a la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter, expresaron "gran preocupación" ante las denuncias de posibles intimidaciones a los votantes en las operaciones de la Policía Federal de Carreteras (PRF). El propio director de la institución, Silvinei Vasques, tuvo que eliminar de su cuenta de Twitter una imagen llamando a votar por Bolsonaro a sus subordinados. Antes que algunos de los uniformados lo asumieran como una orden, el "llamado" extorsivo a optar por la ultraderecha se había hecho sentir a los trabajadores de varias empresas del país.

"Si la elección es por Bolsonaro, el voto recaerá en el político que ha dejado de lado las responsabilidades de Gobierno para dedicarse a su proyecto tiránico de eliminar los límites al poder presidencial. Lo que está en juego no son sólo los próximos cuatro años. Son las casi cuatro décadas de pleno ejercicio de la democracia en Brasil, ejemplar en cualquier parte del mundo. Es este logro fundamental de la sociedad el que está amenazado por el proyecto cesarista de Bolsonaro", dijo Folha de San Pablo en su editorial dominical.

Incertidumbres y certezas

Brasil es el quinto país más grande del mundo, el sexto más poblado y una de las 10 principales economías globales. "¿De qué sirve celebrar la condición de granero agrícola del mundo, si gran parte de la población vuelve a estar en el mapa del hambre y la inseguridad alimentaria amenaza a más del 45% de los hogares brasileños?", se preguntó Jornal de Brasil. Más allá de lo que decidan las urnas, el Brasil venidero lleva ya la marca de la era bolsonarista. El capitán retirado ha logrado algo a lo que nadie se había atrevido en ese país: constituir un fuerte movimiento de derechas con sus ramas más ultras.

Si el presidente resultara reelecto contará, como dijo en el último debate frente a Lula, con un Congreso leal y en sintonía con su deseo de avanzar con mayor decisión por la senda conservadora, tanto en la vida institucional, social como en la economía, a partir de la privatización de lo que se consideran las grandes "joyas de la corona": el Banco do Brasil y Petrobras. En caso de que Lula gane finalmente las elecciones, tendrá que hacer un ejercicio inédito de equilibrismo frente a un Parlamento hostil. La situación de segunda minoría del PT en las cámaras se parece a la de un campo minado. Lula debería transitarlo con una enorme cautela y ante la latente probabilidad de un intento de desplazamiento, algo que Brasil ya experimentó en 2016.

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