Venezuela ha dado un paso significativo en la liberación de presos políticos con la excarcelación de tres figuras clave: Julio Velazco, Milciades Ávila y Edwin Moya, bajo la amnistía aprobada en febrero. Este hecho marca un cambio en el panorama político del país, que atraviesa una crisis desde la controvertida reelección de Nicolás Maduro en 2024.
Velazco, activista de derechos humanos, había sido detenido en septiembre de 2025 y permaneció 47 días en paradero desconocido, según denunció su familia. Ávila y Moya, integrantes del equipo de seguridad de la líder opositora María Corina Machado, estaban presos desde septiembre de 2024. Su liberación fue celebrada por el partido Vente Venezuela (VV), que destacó este hecho como "un alivio para sus familias y una señal de que la presión y la firmeza dan resultados".
La amnistía, promulgada el 19 de febrero durante el gobierno interino de Delcy Rodríguez, se enfoca en casos de presos políticos desde 1999, año en que Hugo Chávez llegó al poder. Sin embargo, la ley establece limitaciones, ya que solo se aplica a personas vinculadas con 13 eventos específicos ocurridos en distintos años. Rodríguez ha pedido revisar los casos que no están contemplados en la norma.
Desde su entrada en vigor, la justicia venezolana ha recibido más de 9.000 solicitudes de amnistía, según informó Jorge Arreaza, presidente de la comisión encargada de su aplicación. Hasta el momento, 245 personas han sido liberadas y otras 5.383 han visto levantadas sus medidas cautelares.
Marcos Velazco, hijo del activista liberado y dirigente de VV, resaltó en redes sociales que la libertad de su padre "no es un gesto ni una concesión: es el reconocimiento de un derecho que jamás debió ser vulnerado". Estas excarcelaciones ocurren en un contexto de tensiones políticas tras la captura de Maduro por parte de Estados Unidos en enero pasado.
La situación en Venezuela sigue siendo compleja, con una sociedad polarizada y una economía devastada. Las liberaciones recientes son vistas por algunos como un intento de reconciliación, mientras otros las consideran insuficientes para garantizar una verdadera transición democrática. El país sigue bajo observación internacional, con esperanzas de que este nuevo capítulo pueda marcar el inicio de cambios más profundos.





