Las milicias kurdosirias de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han acordado este viernes su integración definitiva en la nueva administración siria, poniendo fin a años de conflicto y autonomía en el noreste del país. El acuerdo, mediado por Estados Unidos, marca un hito en la guerra civil siria y refuerza el control del gobierno de Damasco sobre gran parte del territorio nacional.
Las FDS, que hasta ahora dominaban amplias zonas al este del río Éufrates, habían perdido gran parte de sus territorios en las últimas semanas debido a una ofensiva militar liderada por el gobierno sirio. Actualmente, las milicias kurdas solo mantienen el control sobre las regiones de Hasakah, Qamishlo y Kobane, esta última afectada por una crisis humanitaria y enfrentamientos esporádicos.
El pacto, anunciado tras la intervención del enviado especial de Estados Unidos para Siria, Tom Barrack, establece un "proceso por fases" para integrar las estructuras militares y administrativas de las FDS en el gobierno sirio. Además, prevé el despliegue de policías del Ministerio del Interior sirio en Hasakah y Qamishlo y la creación de tres brigadas dentro del Ejército sirio para los milicianos kurdos.
Turquía, aliado clave del gobierno interino sirio liderado por Ahmed al Sharaa, había presionado durante meses para eliminar la administración autónoma kurda. Ankara considera a las FDS como una organización terrorista debido a sus vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que lleva décadas en conflicto armado con el Estado turco.
El acuerdo también garantiza los derechos culturales y lingüísticos de la minoría kurda en Siria, muchos de cuyos miembros nunca fueron reconocidos como ciudadanos durante los gobiernos de Hafez y Bashar al Asad. Además, se prevé la regularización de empleados civiles de la administración autónoma y el retorno de la población desplazada a sus hogares.
Con esta integración, el gobierno sirio recupera casi la totalidad del territorio nacional, excepto la ciudad de Sweida y sus alrededores, en la frontera con Jordania. Esa región, dominada por milicias drusas, sigue siendo un foco de tensión y violencia sectaria.
Este acuerdo marca un paso significativo hacia la estabilidad en Siria, aunque persisten desafíos para consolidar la paz y garantizar los derechos de todas las comunidades en el país.





