La OTAN enfrenta su prueba más dura en décadas mientras Estados Unidos presiona a los aliados europeos para que aumenten su gasto militar. La cumbre en Ankara (Turquía) los días 7 y 8 de julio llega en medio de tensiones por el posible repliegue de tropas estadounidenses en Europa y el conflicto sin fin entre Rusia y Ucrania.
Donald Trump ha vuelto a la carga con su exigencia: que Europa pague más por su propia defensa. El presidente estadounidense asegura que su país lleva demasiado tiempo cargando con el peso de proteger al continente. "Los contribuyentes americanos no pueden seguir bancando la seguridad europea", ha insistido la Casa Blanca.
La alianza militar más poderosa del mundo está en una encrucijada. Por un lado, Washington revisa su despliegue militar en Europa mientras enfoca su atención en la creciente rivalidad con China en el Indo-Pacífico. Por otro, Europa debe decidir si asume mayores costes para defender su territorio.
Europa bajo presión
Los países de la OTAN ya gastan más en defensa. Dos tercios de los miembros han alcanzado el objetivo del 2% del PIB. Pero ahora se plantea un nuevo y ambicioso objetivo: llegar al 5% para 2035. Polonia y los países bálticos lideran este impulso, mientras naciones como Alemania o Francia lidian con presupuestos ajustados.
El problema no es solo cuánto se gasta, sino en qué. Europa sigue dependiendo de Estados Unidos para transporte estratégico, inteligencia satelital y defensa antimisiles. La industria de defensa europea también va a remolque: no puede producir suficientes armas ni municiones para cubrir la demanda generada por la guerra en Ucrania.
Grietas en la alianza
Las diferencias entre los miembros se multiplican. Turquía y Grecia siguen enfrentadas por disputas marítimas. Francia y Alemania tienen visiones distintas sobre cómo abordar las amenazas globales. Y mientras el este de Europa ve a Rusia como la principal amenaza, el sur está más preocupado por la migración y el terrorismo.
La cumbre de Ankara será clave para el futuro de la OTAN. Mark Rutte, su nuevo secretario general, tiene la difícil tarea de mantener unida a la alianza. Su éxito o fracaso podría determinar si la OTAN sigue siendo la columna vertebral de la seguridad occidental o entra en una etapa de declive.
Con el mundo más inestable que nunca, la OTAN no puede permitirse el lujo de fallar. Pero superar sus divisiones internas podría ser su mayor desafío desde la Guerra Fría.





