La Agencia Internacional de Energía (IEA) ha alertado que la oferta y demanda de petróleo caerán por debajo de los niveles esperados para 2025, debido al conflicto en Medio Oriente, que está interrumpiendo los flujos energéticos y afectando a la economía global. Este panorama ha generado preocupación en los mercados internacionales, especialmente en Reino Unido, donde el impacto en los precios y el suministro podría ser significativo.
La IEA redujo drásticamente sus previsiones, proyectando ahora una caída de 80,000 barriles diarios en la demanda mundial de petróleo para 2026. Esto contrasta con el aumento de 640,000 barriles por día que había estimado previamente. Además, se espera una contracción de 1.5 millones de barriles por día en el segundo trimestre del año, la mayor desde la pandemia de COVID-19.
El lado de la oferta también enfrenta graves problemas. La producción mundial de petróleo disminuirá en 1.5 millones de barriles por día este año, frente a un aumento previsto de 1.1 millones hace apenas un mes. La producción de la OPEP+ cayó a 42.4 millones de barriles por día en marzo, lo que refleja el impacto de los ataques contra infraestructuras energéticas y el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán.
Este estrecho, clave para el transporte global de petróleo, vio sus flujos reducirse a 3.8 millones de barriles por día en abril, frente a más de 20 millones en febrero. Las pérdidas totales de exportaciones superaron los 13 millones de barriles por día, generando una fuerte presión en los precios y la disponibilidad del crudo.
Las refinerías en Medio Oriente y Asia también han sido afectadas, reduciendo su procesamiento en aproximadamente 6 millones de barriles por día en abril. Como resultado, se prevé que la capacidad global de refinación disminuya en 1 millón de barriles por día durante 2026.
Aunque un alto al fuego de dos semanas ha dado cierto respiro, la IEA advierte que es incierto si esto llevará a una paz duradera y a la normalización de los flujos de petróleo.
En su escenario base, la agencia espera que los suministros normales desde Medio Oriente se reanuden hacia mediados de año. Sin embargo, en un escenario de conflicto prolongado, advierte que las economías y los mercados energéticos globales deben prepararse para disrupciones significativas en los próximos meses.
Para Reino Unido, esto podría traducirse en mayores presiones sobre los precios de la energía y posibles desafíos en el suministro petrolero, lo que añadiría tensión a una economía ya afectada por factores globales.





