Keiko Fujimori, la hija del polémico exdictador peruano, se lanza por cuarta vez a la presidencia entre acusaciones y promesas de "mano dura"
Keiko Fujimori, hija del controvertido exdictador peruano Alberto Fujimori, enfrenta una nueva campaña presidencial marcada por acusaciones de corrupción y la sombra de su apellido. "Como no tienen nada más que decir, me insultan, me atacan", declaró la candidata, quien busca revivir el legado de los años 90, cuando su padre gobernó con mano de hierro.
Nacida en Lima en 1975, Keiko asumió el rol de Primera Dama tras el escandaloso divorcio de sus padres, orquestado por el entonces asesor presidencial Vladimiro Montesinos. Estudió en EE.UU. con fondos públicos manejados por el servicio de inteligencia de su padre, según revelaciones judiciales.
Tras la huida de Fujimori a Japón en 2000, Keiko heredó su movimiento político. Aunque perdió tres elecciones consecutivas (2011, 2016 y 2021), consolidó su influencia en el Congreso y el poder judicial. Ahora, tras evitar un juicio por lavado de dinero vinculado al caso Odebrecht —gracias a un fallo del Tribunal Constitucional—, promete un gobierno de "tecnócratas" y replicar las políticas de seguridad de su padre, incluida una posible salida del Pacto de San José para combatir la delincuencia.
Criticada por sus vínculos con la corrupción pero respaldada por un núcleo fiel, Keiko insiste en que su meta es la "reconciliación". Sin embargo, su sonrisa imperturbable y su discurso evocan el mismo estilo que dividió al Perú hace décadas. La pregunta es si los votantes le darán una cuarta oportunidad.





