Keiko Fujimori busca por cuarta vez la presidencia de Perú tras tres derrotas y una vida marcada por escándalos
A los 50 años y tras perder tres elecciones presidenciales consecutivas, Keiko Fujimori vuelve a la carga en Perú, decidida a reivindicar el legado de su padre, el controvertido expresidente Alberto Fujimori. A pesar de sus fracasos ante Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), las encuestas la sitúan nuevamente entre las favoritas para llegar a la segunda vuelta.
Esta vez, Fujimori enfrenta los comicios sin su padre —fallecido en 2024— y divorciada de su esposo, el estadounidense Mark Vito Vilanella. Además, llega libre de cargos tras ser absuelta por el Tribunal Constitucional en un caso de lavado de dinero vinculado a sus campañas anteriores.
De "primera dama" a candidata polémica
Keiko, la hija mayor del exmandatario, saltó a la política a los 19 años como la "primera dama" más joven de América tras el divorcio de sus padres. Su carrera ha estado marcada por altibajos: desde su paso por el Congreso hasta su encarcelamiento en 2018 por presunta corrupción, donde pasó casi año y medio en prisión preventiva.
En las últimas semanas, ha centrado su campaña en promesas de "mano dura" y un discurso conservador, apelando al recuerdo del gobierno de su padre, que combinó crecimiento económico con acusaciones de autoritarismo y violaciones a los derechos humanos.
Rivales y tensiones familiares
Sus principales oponentes son el cómico Carlos Álvarez y el exalcalde ultraconservador de Lima, Rafael López Aliaga. Pero más allá de la contienda electoral, Fujimori carga con el peso de su historial: en 2021, denunció fraude sin pruebas tras su ajustada derrota contra Castillo, y durante años se enfrentó a su hermano Kenji por diferencias políticas.
Ahora, con el fantasma de los escándalos detrás y el apoyo de un sector del electorado, Keiko Fujimori intenta por cuarta vez llegar al poder en un país que, desde 2016, ha tenido ocho presidentes. Perú aguarda para ver si esta vez la suerte está de su lado.





