Jóvenes ucranianos fabrican redes y velas para soldados al ritmo de música electrónica

Jóvenes ucranianos fabrican redes y velas para soldados al ritmo de música electrónica

En un improvisado taller subterráneo en Lviv, Ucrania, decenas de jóvenes tejen redes de camuflaje y fabrican velas de trinchera para los soldados que combaten en el frente. A pesar de los cortes de electricidad masivos y las temperaturas bajo cero, estos voluntarios trabajan incansablemente, motivados por el deseo de proteger a sus compatriotas en medio de la guerra contra Rusia, que ya lleva casi cuatro años.

El espacio, conocido como “Kotelnia” (sala de calderas), resuena con música electrónica mientras los voluntarios, algunos bailando al ritmo, transforman latas usadas en pequeños calentadores portátiles que los soldados pueden usar durante horas en las gélidas trincheras del este y sur del país. “La música me ayuda a trabajar más rápido”, cuenta Volodimir Petrishin, de 27 años, miembro de una comunidad ciclista que decidió apoyar al ejército tras el inicio de la invasión rusa.

Las redes de camuflaje, hechas de tiras de tela sobre marcos sintéticos, son cruciales para proteger equipos militares, como los tanques Leopard, y evitar su detección por drones enemigos. “Mi amigo está peleando cerca de Pokrovsk y necesita estas redes”, explica Irina Tsoba, una diseñadora gráfica de 27 años.

A pesar del ambiente frío y las condiciones precarias, el espíritu de colaboración es evidente. “Todos los que conozco que se quedan en Ucrania ayudan al ejército de alguna manera”, afirma Elina Shutko, una especialista en informática de 27 años. Ella, como muchos otros, encuentra en este trabajo una forma de canalizar su angustia y contribuir a la resistencia del país.

Estos encuentros, llamados “Toloka”, se organizan casi todos los meses durante los fines de semana. Cada evento produce decenas de redes y alrededor de media tonelada de parafina para velas, que luego son enviadas al frente. Aunque algunos solo participan por unas horas, el impacto colectivo es significativo.

El ambiente es informal, pero el trabajo es meticuloso. “Hemos aprendido mucho estos años, enseñándonos y apoyándonos mutuamente”, comenta Snizhana Volovets, una estudiante de filología de 21 años. En este espacio, las diferencias sociales desaparecen y todos colaboran por un mismo objetivo.

Sin embargo, entre los voluntarios hay un profundo escepticismo hacia los esfuerzos diplomáticos liderados por Estados Unidos. “Son solo palabras vacías”, dice Vladislava, de 19 años, integrante de una banda de groove metal. Para ellos, la clave sigue siendo prepararse para lo peor mientras fortalecen su resiliencia colectiva.

Al final de cada jornada, los jóvenes ucranianos salen del taller no solo con redes y velas, sino también con nuevas amistades y un renovado sentido de propósito. “Te sientes necesitada, y eso es muy importante”, concluye Irina Tsoba. En tiempos de guerra, estos encuentros son tanto un acto de resistencia como una muestra de esperanza en el futuro de Ucrania.

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