Joven marroquí deportada a país donde la homosexualidad es ilegal pese a orden de protección

Joven marroquí deportada a país donde la homosexualidad es ilegal pese a orden de protección

Joven marroquí denuncia deportación ilegal a país donde la homosexualidad es un crimen

Una joven marroquí de 21 años, identificada solo como Farah, fue deportada por el gobierno de Donald Trump a Camerún —un país donde la homosexualidad es ilegal—, a pesar de contar con una orden de protección emitida por un juez de inmigración en EE.UU. que prohibía su expulsión a Marruecos por riesgo de muerte.

Farah huyó de su país tras ser golpeada y amenazada por su familia al descubrir su relación con otra mujer. "Intentaron matarme", relató a The Associated Press. Tras un viaje de semanas por seis países, solicitó asilo en la frontera estadounidense en 2025, pero terminó detenida casi un año en centros de Arizona y Luisiana, donde denunció condiciones inhumanas.

Aunque un juez bloqueó su deportación a Marruecos, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la subieron a un avión con destino a Camerún —donde nunca había estado— tres días antes de una audiencia clave. Allí fue recluida en un centro de detención en Yaundé antes de ser enviada finalmente a Marruecos, donde ahora vive escondida. "Tengo miedo de que mi familia me encuentre", confesó.

Política polémica bajo la lupa

El caso expone la controvertida política de deportaciones a terceros países impulsada por la administración Trump. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) defendió la medida, afirmando que aplica la ley "tal como está escrita". Sin embargo, abogados denuncian que viola tratados internacionales y el debido proceso.

"Es un vacío legal", acusó Alma David, del Novo Legal Group. "EE.UU. evade su responsabilidad al enviar personas a países donde podrían ser devueltas a zonas de peligro". Documentos revelan que Washington negocia 47 acuerdos con naciones como Sudán del Sur, Uganda y Guinea Ecuatorial para replicar este esquema.

Farah, cuya pareja fue deportada a Marruecos, cuestiona la narrativa que pinta a los migrantes como amenazas: "No todos somos peligrosos. Lo que me hicieron fue cruel". Hoy, vive con el temor constante de ser localizada en un país donde su identidad es un delito.

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