Cuba podría estar al borde de una reconfiguración política interna según las declaraciones del líder opositor José Daniel Ferrer, quien señaló posibles figuras clave en un hipotético escenario de transición. El exprisionero político nombró a dos funcionarios cubanos como actores centrales en una posible maniobra de preservación del régimen bajo presión internacional.
El primer nombre destacado por Ferrer es Óscar Pérez-Oliva Fraga, actual viceprimer ministro de Cuba y sobrino-nieto de los históricos líderes Fidel y Raúl Castro. Ferrer aseguró que Pérez-Oliva Fraga está ganando relevancia dentro de la estructura de poder, especialmente en áreas críticas como comercio e inversiones. Este ascenso lo posicionaría como un interlocutor estratégico en caso de una transición controlada, aunque su perfil sigue siendo desconocido fuera de los círculos oficialistas.
El segundo nombre mencionado fue Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado. Aunque Ferrer la describió como una figura de "segundo orden", su trayectoria institucional la convierte en una pieza clave dentro del sistema cubano. Mari Machado, abogada especializada en Derecho Penal, ha escalado desde las bases judiciales hasta ocupar cargos políticos de alto nivel, siendo reelegida sucesivamente desde 2012. Sin embargo, carece de un liderazgo popular reconocido y su visibilidad internacional es limitada.
Ferrer planteó que estos nombres podrían estar en el centro de una estrategia similar a la aplicada en Venezuela con Delcy Rodríguez, donde figuras del régimen se reciclan como garantía de estabilidad sin cambios estructurales. "En Cuba no hay mecanismos democráticos para la elección de líderes como en otros países", subrayó el opositor, enfatizando la necesidad de observar quiénes ocupan espacios estratégicos en el poder.
El debate impulsado por Ferrer no solo gira en torno a nombres específicos, sino a las dinámicas internas del régimen cubano frente a presiones externas y un posible reajuste que mantenga el control del sistema. La discusión refleja la complejidad del panorama político en la isla, donde la continuidad institucional parece priorizarse sobre cualquier cambio significativo. La situación sigue siendo un tema de atención para analistas internacionales y aquellos interesados en el futuro de Cuba.





