Cristianos libaneses asesinados en ataques israelíes avivan tensiones sectarias
Un ataque israelí en una aldea cristiana del Líbano ha dejado al menos tres muertos, entre ellos un alto dirigente de las Fuerzas Libanesas, un partido cristiano anti-Hezbolá, desatando indignación y temores de un resurgimiento de la violencia sectaria en el país. Pierre Moawad, su esposa Flavia y su vecina Roula Mattar murieron cuando un misil impactó en su casa en Ain Saade, una zona históricamente tranquila al este de Beirut.
El ataque, ocurrido durante el fin de semana de Pascua, marca un giro peligroso en el conflicto entre Israel y Hezbolá, que hasta ahora se concentraba en áreas chiíes. Los cristianos libaneses, que representan alrededor del 30% de la población, acusan a la milicia chií de arrastrarlos a una guerra que no desean. "No sabemos quién de Hezbolá se esconde entre nosotros, pero Israel nos bombardea igual", denuncia Tony, un comerciante local.
Fantasmas de la guerra civil
El Líbano ya sufre más de 1.530 muertes desde que comenzaron los enfrentamientos en 2023, la mayoría en comunidades chiíes. Pero la expansión de los ataques israelíes a zonas cristianas y el desplazamiento masivo de población —1,2 millones según la ONU— han reavivado viejas divisiones. "Si los chiíes vienen a nuestros barrios, Israel los bombardeará y moriremos todos", lamenta Fatem, una residente de las montañas.
El temor a una nueva guerra civil, como la que devastó el país entre 1975 y 1990 (120.000 muertos), crece. Aunque líderes cristianos como Samir Geagea piden calma, las tensiones son palpables. Durante el funeral de los Moawad, se escucharon gritos de "Hezbolá, terroristas".
Advertencias y resignación
Grupos cristianos aliados de Hezbolá, como el Movimiento Patriótico Libre, exigen que los milicianos eviten esconderse entre civiles. Mientras, Israel presiona a comunidades no chiíes para que expulsen a desplazados musulmanes, una medida que organizaciones de derechos tachan de limpieza étnica.
"Vivimos al día. Antes teníamos miedo; ahora ya no", dice Fatem, resumiendo la desesperanza de un país al borde del colapso. Con la violencia escalando y ningún lugar seguro, muchos libaneses se preparan para lo peor.





