Israel ha cerrado por completo todos los pasos fronterizos que conectan con la Franja de Gaza, una medida que amenaza con agravar la ya crítica situación humanitaria en el territorio palestino. La decisión, anunciada por el COGAT, organismo del Ministerio de Defensa israelí, se justifica en “ajustes de seguridad” y no tiene fecha prevista para su levantamiento. Este bloqueo afecta directamente a la población civil, que depende de estos accesos para recibir ayuda humanitaria, productos esenciales y trasladar a pacientes que necesitan atención médica fuera de Gaza.
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli, quien reside en el enclave, describió el panorama como “trágico y terrible”. Aunque algunos productos como frutas, carne y queso han reaparecido en los mercados locales tras meses de escasez, sus precios son inaccesibles para la mayoría. Romanelli advirtió que “la mayoría de la gente lo ha perdido todo: su casa, su trabajo, su salario”, lo que ha sumido a la población en una profunda crisis económica y social.
La situación se complica aún más tras la suspensión temporal por parte de la Corte Suprema de Israel de la prohibición impuesta a 37 organizaciones humanitarias, incluidas Médicos Sin Fronteras y Oxfam, para operar en Gaza. Sin embargo, estas entidades enfrentan fuertes limitaciones y no pueden cruzar los pasos fronterizos debido al cierre total. Esta medida ha generado preocupación internacional, ya que Gaza ya sufre la falta de agua potable, electricidad y alimentos suficientes.
Desde el inicio del conflicto, el suministro eléctrico en la Franja es irregular y depende principalmente de generadores, que resultan muy costosos. Además, el agua potable es un recurso escaso, y muchas personas deben esperar horas para conseguir pocos litros. Los bombardeos han destruido gran parte de la infraestructura municipal, lo que ha agravado aún más la crisis.
Romanelli también mencionó que una organización llamada “cocina internacional”, que distribuía alimentos a miles de personas, dejará de suministrar carne y otros productos. Asimismo, una empresa que distribuía agua potable anunció la suspensión de sus actividades, lo que empeorará el acceso a recursos vitales.
El sacerdote destacó que, aunque existe una esperanza “llena de fe en Dios”, el ánimo de la población es frágil. “La gente vive una gran depresión y trata de empezar de nuevo”, comentó. La escuela de la parroquia continúa funcionando, aunque con menos alumnos, y en los mercados proliferan pequeñas iniciativas comerciales para sobrevivir. Sin embargo, Romanelli advirtió que “no se puede seguir así. No es humano y no puede ayudar a la justicia y la paz”.
En un llamado urgente, el sacerdote instó a la comunidad internacional a garantizar la entrada de ayuda humanitaria consistente. “Será necesaria no solo para la reconstrucción física, sino también para la moral y la existencia de las personas aquí. Y esto contribuirá a la paz”, concluyó.





