Las autoridades de Irán han confirmado este martes que alrededor de 2.000 personas, incluyendo miembros de las fuerzas de seguridad, han muerto durante las protestas que han sacudido el país desde finales de diciembre. Estas manifestaciones, inicialmente impulsadas por la crisis económica y la depreciación de la moneda local, el rial, han enfrentado una dura represión por parte del Gobierno, que desplegó a la Guardia Revolucionaria y al Ejército para controlar las movilizaciones. Además, se impuso un bloqueo de las comunicaciones, tanto de internet como de la red telefónica tradicional, dificultando la difusión de información.
Las protestas comenzaron cuando comerciantes de productos electrónicos del bazar de Tabriz, en el oeste de Irán, cerraron sus tiendas para manifestarse contra la drástica caída del valor del rial, que perdió más de la mitad de su valor el año pasado. Desde entonces, las movilizaciones se han extendido por casi todo el país, con actos de vandalismo contra organismos públicos, bancos y mezquitas. El jueves y el viernes pasado las concentraciones alcanzaron su punto más álgido, pero el sábado empezaron a disminuir. No obstante, el lunes miles de simpatizantes del régimen salieron a las calles para mostrar su apoyo a las autoridades.
Hasta ahora, las únicas cifras disponibles provenían de organizaciones de derechos humanos iraníes ubicadas en el extranjero. La ONG Iran Human Rights elevó este lunes a 648 el número de manifestantes fallecidos y advirtió que algunos de los casi 10.000 detenidos podrían enfrentar la pena de muerte. El bloqueo de las comunicaciones ha dificultado la verificación independiente de las cifras y la situación en el terreno.
El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, expresó este martes su "horror" por la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad iraníes. Türk instó al régimen a poner fin a la represión y a restablecer el acceso pleno a internet y a los servicios de telecomunicación. Además, exigió que los responsables de la represión rindan cuentas. "Este ciclo de violencia atroz no puede continuar, el pueblo iraní y sus demandas de equidad, igualdad y justicia deben ser escuchados", declaró.
La situación en Irán sigue siendo crítica, con un régimen que intenta mantener el control ante un movimiento de protesta que ha llegado a zonas rurales y urbanas por igual. La comunidad internacional sigue observando de cerca los acontecimientos, mientras crece la preocupación por el destino de los detenidos y la escalada de violencia.





