Irán ha desvelado su misil balístico más letal hasta la fecha, el Khorramshahr-4, un arma capaz de alcanzar velocidades supersónicas y golpear objetivos a 2.000 kilómetros de distancia, lo que pone en alerta a Israel y bases estadounidenses en Oriente Medio. Con una carga explosiva de 1.800 kg —la mayor de su arsenal— y una precisión de entre 10 y 30 metros, este misil desafía los sistemas de defensa como el Iron Dome israelí.
El proyectil, desarrollado íntegramente por Teherán según fuentes iraníes, alcanza velocidades de Mach 16 (19.600 km/h) y puede maniobrar en pleno vuelo, complicando su intercepción. Su combustible líquido hipergólico permite lanzamientos en minutos, aumentando el factor sorpresa. "Es una advertencia a nuestros enemigos y un mensaje de estabilidad para nuestros aliados", declaró el ministro de Defensa iraní, Mohammad Reza Ashtiani.
El diseño del Khorramshahr-4, con materiales furtivos y lanzadores móviles, lo hace casi indetectable para radares. Su alcance cubre todo Israel y bases estratégicas de EE.UU. en la región, lo que ha encendido las alarmas en Occidente. Aunque Irán insiste en que su programa es defensivo, expertos temen que la tecnología pueda usarse para portar ojivas nucleares.
El misil, nombrado en honor a una ciudad emblemática de la guerra Irán-Irak (1980-1988), representa la piedra angular de la disuasión militar iraní. Su aparición reconfigura el equilibrio de poder en una región ya convulsa, donde Teherán busca afirmar su influencia frente a rivales como Arabia Saudí e Israel.
Mientras los países occidentales presionan para frenar el programa balístico iraní, el régimen de los ayatolás sigue avanzando en una industria militar que desafía sanciones y aislamiento internacional. El Khorramshahr-4 no es solo un arma: es un símbolo de una carrera armamentística que podría definir el futuro de Oriente Medio.





