Hawaii y Puerto Rico, dos archipiélagos situados en puntos opuestos del planeta, comparten más de 120 años de historia marcados por su relación con Estados Unidos. Recientemente, la canción “LO QUE LE PASÓ A HAWAII” del artista puertorriqueño Bad Bunny ha reavivado el interés en Puerto Rico por las similitudes políticas, económicas y sociales entre ambos territorios, especialmente en torno a la posibilidad de que Puerto Rico sea finalmente admitido como estado de la Unión norteamericana.
Aunque ambos archipiélagos han sido profundamente impactados por su conexión con Estados Unidos, las circunstancias que llevaron a su destino político actual son diferentes pero muestran aspectos paralelos. En el caso de Hawaii, su anexión como territorio estadounidense en 1898 y su posterior admisión como estado en 1959 fueron resultado de una estrategia de influencia y dominio económico que comenzó décadas antes.
Según la historiadora Misha Matsumoto Yee, en su artículo “The Annexation of the Kingdom of Hawai‘i (1875–1898)”, la presencia estadounidense en Hawaii se consolidó mediante políticas económicas como el Arancel McKinley de 1890, que socavó el acuerdo comercial exclusivo entre Estados Unidos y Hawaii. Esto permitió que otros territorios, como Cuba, exportaran azúcar a Estados Unidos sin pagar aranceles, lo que llevó a los intereses azucareros en Hawaii a presionar por la anexión.
En Puerto Rico, una situación similar se desarrolló con la Ley Jones de 1920, que exige que el transporte marítimo entre puertos estadounidenses sea realizado por barcos construidos, propiedad y tripulados por ciudadanos estadounidenses. Además, la invasión estadounidense de Puerto Rico en 1898 interrumpió el gobierno autónomo establecido apenas nueve días antes, bajo la Carta Autonómica de 1897. Estados Unidos no reconoció esta carta y consideró a Puerto Rico como un territorio conquistado tras la Guerra Hispanoamericana.
En Hawaii, la presión de los empresarios estadounidenses llegó a su punto máximo en 1893, cuando un grupo de 13 plantadores y comerciantes, conocido como el “Comité de la Seguridad”, con apoyo del Ejército de Estados Unidos, derrocó a la reina Liliuokalani. A pesar de que unos 40,000 hawaianos firmaron una petición en contra, la anexión se oficializó en 1898 mediante la Resolución de Newlands, también llamada “Constitución de la Bayoneta”.
Estas acciones beneficiaron principalmente a Estados Unidos y a sus empresas, especialmente en el sector azucarero. En Puerto Rico, empresas como la “Ford and Company” y la “South Porto Rico Sugar Company” adquirieron miles de hectáreas de tierra a precios bajos, dominando más del 50% de la producción de azúcar para 1930.
La anexión de ambos territorios ha dejado secuelas profundas. En Hawaii, los kanaka maoli (nativos hawaianos) enfrentaron un “trauma histórico prolongado” que incluyó pérdida de tierras, segregación racial y deterioro de su cultura e idioma. A pesar de esto, han logrado mantener su identidad nacional. En Puerto Rico, el legado de la colonización estadounidense sigue siendo un tema de debate, especialmente en torno a su estatus político actual y su posible admisión como estado.
El 23 de noviembre de 1993, el presidente Bill Clinton se disculpó formalmente con los nativos hawaianos por el derrocamiento de su reino en 1893. Sin embargo, tanto Hawaii como Puerto Rico siguen lidiando con los efectos de una relación centenaria que ha moldeado su historia y su futuro.





