Internacional. — Los bancos centrales del mundo comienzan a mostrar sus diferencias en política monetaria, generando incertidumbre para mercados y consumidores. Mientras el Banco Central Europeo (BCE) mantiene los tipos en el 2 %, la Reserva Federal de EE. UU. enfrenta presión para bajarlos y el Banco de Australia los sube por primera vez desde noviembre de 2023.
BCE: cautela ante la volatilidad
El BCE decidió mantener los tipos por quinta vez consecutiva, esperando que la inflación se estabilice en el 2 % a medio plazo. La presidenta Christine Lagarde señaló que no hay una senda fija, ya que todo dependerá de los próximos datos económicos y del fortalecimiento del euro.
Analistas advierten que un cruce euro-dólar cercano a 1,22-1,25 podría llevar a revisiones a la baja en la inflación subyacente. La economista Josefina Rodríguez de Vanguard considera que la tendencia sigue más hacia la relajación monetaria que hacia un endurecimiento.
EE. UU.: ¿recorte en la Fed?
En Estados Unidos, el foco está en Kevin Warsh, nominado por Donald Trump para reemplazar a Jerome Powell en la Fed. Los expertos opinan que una Fed menos expansiva podría reducir la velocidad de los recortes, manteniendo los tipos altos por más tiempo y condicionando los mercados de renta variable y crédito.
🇦🇺 Australia: el único que sube
Mientras la mayoría de bancos centrales mantienen o bajan tipos, Australia elevó la tasa en 0,25 % hasta 3,85 %, debido a una inflación que pasó del 2,1 % en junio de 2025 al 3,8 % actual. No se descartan nuevas subidas si los precios siguen presionando.
Otros bancos centrales
Banco de Inglaterra: tipos en 3,75 %, con posibles recortes futuros.
- Canadá: 2,25 %, sin cambios.
- Noruega: 4 %, estable.
- Suecia: 1,75 %, estable.
- Suiza: 0 %, tras haber sido pionera en recortes.
- Japón: 0,75 %, máximo en 30 años.
- China: préstamos 3 %, hipotecas 3,5 %.
- India: 5,25 %, posibilidad de bajadas en 2026 por crecimiento y acuerdos comerciales.
El panorama global muestra que los bancos centrales caminan por rumbos distintos, ajustando sus políticas ante inflación, crecimiento y riesgos geopolíticos. Para los inversores y ciudadanos, la volatilidad será la nueva constante.





