Francia prohíbe la abaya en las escuelas en medio de creciente tensión por leyes de laicidad
Francia ha dado un nuevo paso en su polémica política de laicidad al prohibir el uso de la abaya —una vestimenta tradicional femenina musulmana— y el qamis —su equivalente masculino— en los colegios. El Ministerio de Educación, liderado por Gabriel Attal, justificó la medida como un intento de evitar "discriminación" y garantizar que todos los estudiantes sean tratados "bajo los mismos derechos". La decisión, anunciada en agosto de 2023, llega tras varios incidentes en escuelas y revive el debate sobre la integración religiosa en el país.
Esta no es la primera vez que Francia restringe prendas vinculadas al islam. En 2010, se convirtió en el primer país europeo en prohibir el burka en espacios públicos, con multas de hasta 150 euros. La ley, avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se basó en argumentos de seguridad y laicidad, aunque críticos denunciaron que vulnera libertades individuales.
El gobierno francés insiste en que sus normas buscan proteger los valores republicanos, especialmente la separación entre religión y Estado, consagrada en la ley de 1905. Sin embargo, organismos como el Consejo Europeo han advertido que estas prohibiciones podrían violar derechos humanos, como el respeto a la vida privada. ONGs señalan que las medidas estigmatizan a los 5,4 millones de musulmanes en Francia y alimentan extremismos.
El conflicto no es nuevo. En 2004, bajo el mandato de Jacques Chirac, Francia prohibió símbolos religiosos "ostentosos" —como el hijab, la kipá judía o cruces cristianas— en escuelas públicas. Aunque el Estado no recopila datos por religión, cifras oficiales revelan un aumento del 88% en agresiones contra musulmanes en 2025, en comparación con el año anterior.
Mientras el gobierno defiende su postura, colectivos como Mamans Toutes Egales y Les Hijabeuses —un equipo de fútbol femenino con velo— resisten. La pregunta sigue en el aire: ¿protegen estas leyes la unidad nacional o profundizan la división? En un país donde la violencia religiosa no cesa, la respuesta parece más lejos que nunca.





