Los hijos de Trump se enriquecen con polémicas inversiones militares mientras su padre gobierna
Los hijos del presidente estadounidense Donald Trump, Donald Jr. y Eric, han invertido en más de una docena de empresas de tecnología militar que obtuvieron contratos gubernamentales por valor de 6.300 millones de dólares tras su llegada a la Casa Blanca, según revela una investigación de The Washington Post.
Los hermanos Trump habrían aprovechado su influencia familiar para financiar compañías como SpaceX y Anduril, algunas con vínculos previos al Pentágono. Sin embargo, expertos señalan un claro conflicto de intereses, ya que su padre controla las decisiones de defensa del país.
La sombra de la corrupción también alcanza al negocio de criptomonedas de la familia. Los Trump impulsaron una controvertida firma financiera, World Liberty Financial, creada junto a los hijos de Steve Witkoff, enviado especial de EE.UU. en Oriente Medio. La empresa recibió una inversión de 500 millones de un jeque emiratí días antes de que Trump asumiera el poder, según The Wall Street Journal. Poco después, el Gobierno autorizó a Emiratos Árabes Unidos la compra masiva de chips de inteligencia artificial, un trato mediado por Witkoff.
Además, los hijos del magnate están ligados a oscuras operaciones mineras en Kazajistán, donde adquirieron acciones en una compañía que días después logró un lucrativo acuerdo con Washington para explotar tungsteno, mineral clave para armamento y tecnología.
Mientras Trump promovía inversiones de alto riesgo, sus asesores trasladaron parte de la fortuna familiar a activos más seguros, dejando pérdidas a pequeños inversores, según Reuters.
El escándalo también salpica a altos cargos del Gobierno, como el secretario de Comercio, Howard Lutnick, cuyos hijos participaron en negocios ligados a los contratos de los Trump.
Expertos jurídicos advierten que estas maniobras, aunque legales, erosionan la ética pública y favorecen el amiguismo en las altas esferas de poder. Mientras, el clan Trump expande su imperio, que abarca desde hoteles hasta criptodivisas, bajo la sombra de una administración acusada de lucrarse con el cargo.

