El expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, ha respaldado públicamente un llamado a boicotear los partidos del Mundial en Estados Unidos, citando las controvertidas políticas migratorias y las tensiones internacionales bajo la administración del presidente Donald Trump. Este mensaje ha sacudido la previa del torneo más grande del fútbol, generando un fuerte debate global.
Blatter se sumó a las declaraciones del abogado suizo Mark Pieth, experto en anticorrupción y exjefe del Comité de Gobernanza Independiente de la FIFA. Pieth había instado a los aficionados a evitar viajar a Estados Unidos y, en su lugar, seguir el Mundial por televisión debido a posibles complicaciones migratorias. Esta advertencia ha puesto en evidencia los desafíos que enfrentarán los seguidores de países afectados por las restricciones de visas implementadas por el gobierno estadounidense.
Estados Unidos será coanfitrión del Mundial junto a Canadá y México del 11 de junio al 19 de julio. Sin embargo, las políticas de Trump, que incluyen prohibiciones de viaje y un trato severo hacia migrantes y manifestantes, han provocado malestar entre la comunidad futbolera internacional. Aficionados de países como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití ya enfrentan dificultades para ingresar al país debido a las nuevas regulaciones.
El debate ha trascendido fronteras, llegando incluso a Europa. Oke Göttlich, vicepresidente de la federación alemana, sugirió que es momento de considerar seriamente un boicot al torneo. Muchos argumentan que el Mundial debería ser una celebración global, no un evento marcado por barreras migratorias.
Con el inicio del torneo a la vista, el llamado de Blatter y la presión internacional podrían tener un impacto significativo en la organización y la experiencia de los aficionados. La FIFA se encuentra en medio de un fuego cruzado, analizando cómo estas tensiones afectarán el desarrollo del evento más importante del fútbol mundial.





