Por quinto día consecutivo, estudiantes universitarios en Irán han protagonizado protestas masivas contra el régimen de la República Islámica y su líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Este movimiento, aunque aún incipiente, marca el primer levantamiento significativo desde las violentas manifestaciones de finales de 2025 y principios de 2026, que culminaron con la muerte de cerca de 10.000 manifestantes a manos de las autoridades iraníes.
Los jóvenes, según vídeos verificados, corean consignas como "Luchamos, morimos y recuperamos Irán" y "Jameneí, serpiente, te enterraremos vivo", desafiando la dura represión que ya ha llevado a la policía a intensificar su presencia en los campus universitarios.
El Gobierno iraní ha respondido rápidamente, acusando a sus enemigos tradicionales, Estados Unidos e Israel, de estar detrás de estas protestas. El fiscal general Mohammad Mohebi Azad declaró este martes que se deben identificar y tomar medidas legales contra los "elementos disruptivos" que intentan "inflamar la atmósfera interna".
Este nuevo estallido de descontento llega en un momento delicado para la República Islámica, que se encuentra en medio de tensas negociaciones nucleares con Estados Unidos. La tercera ronda de estas conversaciones tendrá lugar este jueves en Ginebra, Suiza, aunque las posiciones de ambos países siguen muy alejadas. Irán se niega a renunciar a su programa de enriquecimiento de uranio, mientras Washington insiste en límites a este proceso y a su apoyo a milicias regionales.
El contexto internacional se complica aún más con el reciente despliegue de un segundo portaaviones estadounidense en las costas de Irán. El presidente Donald Trump ha dado un plazo de 10 días al régimen persa para llegar a un acuerdo definitivo, advirtiendo que "pasarán cosas malas" si no se alcanza un pacto. Este plazo expira durante la primera semana de marzo, lo que aumenta la presión sobre Teherán en un momento ya de por sí crítico.
Las protestas estudiantiles y las tensiones nucleares sitúan a Irán en una encrucijada histórica, con el régimen enfrentando desafíos internos y externos sin precedentes en sus casi 50 años de existencia. El país atraviesa uno de sus momentos más frágiles, en el que cualquier paso en falso podría desencadenar un conflicto de consecuencias imprevisibles.





