El Reino Unido ha respaldado una audaz operación liderada por Estados Unidos para interceptar un petrolero sancionado que intentaba evadir las sanciones internacionales. El barco, conocido originalmente como Bella 1, cambió su nombre a Marinera y pintó una bandera rusa en su casco en un intento desesperado por evitar ser capturado. La operación culminó con el abordaje del buque por parte de comandos SEAL de la Armada estadounidense, transportados por helicópteros del ejército de EE.UU., conocidos como los "acechadores nocturnos", en aguas del Atlántico Norte cerca de Islandia.
El petrolero, vinculado a una red de transporte ilícito de petróleo desde Venezuela, había sido perseguido durante 18 días y más de 6.500 kilómetros por la Guardia Costera de EE.UU. El buque intentó huir hacia aguas rusas después de ser avistado cerca de Venezuela a finales de diciembre. Sin embargo, las autoridades estadounidenses lo interceptaron antes de que pudiera alcanzar su destino. Durante la persecución, Rusia envió una solicitud diplomática para detener la operación, pero EE.UU. la rechazó alegando que la bandera rusa era fraudulenta y que el barco era “apátrida”.
La misión contó con el apoyo estratégico del Reino Unido, que facilitó el uso de bases aéreas para el despliegue de aviones de vigilancia y helicópteros estadounidenses. El ministro de Defensa británico confirmó la colaboración, aunque se limitó a describirla como “apoyo logístico”. Aviones de vigilancia P-8 y helicópteros V-22 Osprey fueron desplegados desde bases en Suffolk como parte de la operación.
El petrolero, ahora bajo control estadounidense, es uno de los al menos cinco buques incautados en las últimas semanas como parte de una campaña global para hacer cumplir las sanciones contra Venezuela, Irán y Rusia. Estas acciones buscan frenar el comercio ilegal de petróleo que ha permitido a estos países evadir las sanciones económicas internacionales.
Aunque el Bella 1 no transportaba petróleo en el momento de su captura, su incautación envía un mensaje claro a otras embarcaciones sancionadas que operan en aguas internacionales. Expertos señalan que esta operación podría marcar un precedente en la intensificación de los esfuerzos para detener el tráfico ilícito de petróleo en todo el mundo.
El destino final del Marinera sigue siendo incierto, pero se espera que el buque sea subastado tras un proceso legal en EE.UU. Esta operación no solo refleja el compromiso de Washington para hacer cumplir las sanciones internacionales, sino también la disposición del Reino Unido a colaborar en iniciativas estratégicas globales.





