Nuevo intento de golpe en Mali expone al Sahel como epicentro del terrorismo global
Un nuevo intento de golpe de Estado en Mali ha destapado la peligrosa realidad del Sahel: la región se ha convertido en el corazón del terrorismo internacional. Aunque no genera la inestabilidad de Ucrania ni el impacto económico de Irán, su proximidad a Europa y sus conexiones con grupos yihadistas y mercenarios rusos la convierten en un polvorín listo para estallar.
El caos en Mali no es nuevo. Hace cuatro años, la junta militar que gobierna el país expulsó a las tropas francesas, aliadas clave contra el yihadismo, y las reemplazó por mercenarios rusos del grupo Wagner. La medida, vista como un golpe a la influencia de Francia, su antigua colonizadora, dejó el campo libre a milicias islamistas vinculadas a Al Qaeda e ISIS. Estas facciones controlan vastas zonas del desierto y, hace solo seis meses, sitiaron la capital, Bamako, en un intento por imponer la sharía.
Lo alarmante es que Mali ya no es un problema local. Los yihadistas y los mercenarios rusos dominan un territorio que conecta con conflictos en Oriente Medio y Ucrania, creando un frente de inestabilidad a las puertas de Europa. Peor aún: no hay organismos internacionales capaces de frenar esta espiral de violencia.
Mientras el mundo mira hacia otros conflictos, el Sahel arde en silencio. Y esta vez, las llamas están demasiado cerca.













