El chavismo se ahoga entre represión interna y sumisión a EE.UU.

El chavismo se ahoga entre represión interna y sumisión a EE.UU.

En Venezuela, el gobierno de Delcy Rodríguez muestra dos caras muy diferentes. Hacia el exterior, habla de cooperación con Estados Unidos, mientras que, internamente, se afianza un modelo represivo y concentra el poder en manos de una sola familia: los Rodríguez. Esta dualidad refleja la compleja realidad política del país, marcada por tensiones internas y una relación tensa con Washington.

El mensaje interno del nuevo gobierno es claro: nada ha cambiado y la revolución sigue “más firme que nunca”. Esto incluye una purga para encontrar cómplices de una incursión estadounidense en Caracas, que dejó al menos 56 soldados muertos, según cifras oficiales. Entre los detenidos destaca el general Javier Marcano Tabata, quien era el jefe de la Guardia de Honor Presidencial y director del cuerpo de inteligencia venezolano. Marcano fue arrestado tras ser señalado como traidor, acusado de facilitar el secuestro de Nicolás Maduro al entregar coordenadas precisas a Estados Unidos.

El incidente que llevó a su detención ocurrió frente al Palacio de Miraflores, donde hubo un intercambio de disparos entre drones y soldados. Tras su arresto, Marcano fue sustituido por el general Gustavo González López, conocido por su papel represivo al frente de la policía política del régimen, el Sebin. González López ha sido señalado por organizaciones de derechos humanos por supuestos abusos y está sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea.

Mientras en el interior el gobierno se reafirma con medidas de control y represión, hacia el exterior se somete al tutelaje estadounidense. Aunque líderes como Diosdado Cabello han amenazado con cortar el suministro de petróleo a Estados Unidos, la nueva administración guarda silencio ante las declaraciones de Washington, que busca controlar los recursos energéticos venezolanos.

En este contexto, Delcy Rodríguez ha nombrado a Calixto Ortega como vicepresidente de Economía. Ortega, formado en Estados Unidos, tiene la tarea de manejar la relación con Washington mientras intenta estabilizar la frágil economía venezolana, marcada por una moneda en caída libre y el riesgo de hiperinflación.

En resumen, el gobierno de Venezuela enfrenta una realidad dividida: hacia dentro, refuerza el control y la represión; hacia fuera, se adapta a las exigencias de Estados Unidos. Esta dualidad refleja los desafíos de un país en crisis, donde el poder sigue concentrado en manos de unos pocos.

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