LA HABANA — En un nuevo y drástico capítulo de la crisis energética que asfixia a la isla, el Gobierno cubano notificó este lunes a las aerolíneas internacionales que el país se ha quedado oficialmente sin combustible para aviación. La medida, que amenaza con aislar aún más a la nación caribeña, es el resultado directo de la reciente orden presidencial de Estados Unidos que penaliza el suministro de crudo a La Habana.
La advertencia gubernamental marca un punto de no retorno en la estrategia de supervivencia económica de la administración cubana, que ahora ve comprometida su conexión aérea con el resto del mundo.
Trump cierra el grifo energético
La parálisis en los aeropuertos es la consecuencia inmediata de la orden firmada el pasado 29 de enero por el presidente Donald Trump. Bajo el argumento de que Cuba representa un "peligro de seguridad nacional", Washington amenazó con imponer severos aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla.
Este "asedio petrolero" ha logrado bloquear las vías de abastecimiento de un país que apenas produce un tercio de la energía que consume, dejando a la economía estatal en una situación de extrema vulnerabilidad.
Un país en modo de emergencia
Ante la imposibilidad de importar derivados del crudo, Cuba ha puesto en marcha un plan de contingencia que recuerda a sus épocas más oscuras. Las medidas anunciadas esta semana incluyen:
- Racionamiento severo: Suspensión total de la venta de diésel.
- Recortes en servicios: Reducción de horarios en hospitales y oficinas gubernamentales.
- Impacto turístico: Cierre de varios hoteles ante la falta de suministros para operar.
Un futuro incierto para el turismo
El cese del suministro de combustible para aviación golpea el corazón de la industria turística, el principal motor de divisas de la isla. Sin garantías de reabastecimiento para los vuelos internacionales, las aerolíneas se enfrentan a la disyuntiva de cancelar rutas o realizar escalas técnicas en países vecinos, aumentando drásticamente los costos operativos.
La Habana, que ya operaba bajo un esquema de teletrabajo forzado y apagones programados, entra ahora en una fase de aislamiento logístico que pone a prueba la resistencia de un sistema económico que parece haberse quedado sin margen de maniobra.




