El Gobierno de Portugal podría dar un giro radical a su defensa aérea con la posible adquisión de los avanzados cazas F-35 Lightning II, sustituyendo sus actuales F-16. Esta propuesta, impulsada por el embajador estadounidense John Arrigo, busca fortalecer la interoperabilidad de Portugal con los principales aliados de la OTAN y posicionar al país en la élite de la aviación militar europea.
El F-35, un avión furtivo de quinta generación fabricado por Lockheed Martin, no solo representa una mejora tecnológica significativa, sino que también ofrece ventajas logísticas, ya que el 25% de sus componentes se producen en Europa. Esta renovación podría llevar a Portugal a aumentar su gasto en defensa del 2% actual del PIB hasta un ambicioso 5% para 2035, siguiendo las recomendaciones de la OTAN.
Sin embargo, la decisión aún no está tomada. El ministro de Defensa portugués, Nuno Melo, aseguró que el proceso de selección de un nuevo caza sigue en evaluación, considerando tanto opciones estadounidenses como europeas. Hoy, más de 900 unidades del F-35 están en servicio o han sido pedidas en Europa, lo que marca una clara tendencia estratégica en la región.
El debate sobre la modernización de la defensa portuguesa llega en un momento clave, mientras el país enfrenta presiones para reducir su dependencia de China. Tras la crisis financiera de 2011-2014, empresas chinas como China Three Gorges y Fosun adquirieron participaciones significativas en sectores estratégicos como la energía y las finanzas. Arrigo sugirió que Portugal podría reconsiderar su participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China para fortalecer su relación con Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de Italia en 2023.
La posible adquisión del F-35 implicaría desafíos presupuestarios importantes para Portugal, especialmente después de años de austeridad. Además, requeriría inversiones en formación de pilotos, modernización de infraestructuras y actualización de la doctrina aérea. Sin embargo, el cambio podría reforzar la posición estratégica de Portugal en la OTAN y la Unión Europea, asegurándole un papel clave en la defensa del flanco atlántico.
En un contexto de creciente tensión geopolítica, esta decisión marcaría un punto de inflexión en la estrategia de defensa portuguesa, situando al país en el centro de las conversaciones sobre seguridad en Europa en los próximos años.





