EE.UU. enfrenta una crisis de salud pública por el aumento del consumo de marihuana tras su legalización
El consumo excesivo de marihuana en Estados Unidos ha desencadenado una crisis de salud pública, con cerca de 18 millones de personas consumiéndola casi a diario, según datos recientes. La legalización en la mayoría de los estados, impulsada por la flexibilización de las restricciones federales durante el gobierno de Trump, ha multiplicado los casos de adicción, trastornos psicóticos y hospitalizaciones vinculadas a la droga.
Aunque la despenalización evitó los arrestos masivos que afectaban desproporcionadamente a comunidades negras, latinas y pobres, la falta de regulación efectiva ha permitido el surgimiento de una industria millonaria que promueve productos altamente potentes —con concentraciones de THC de hasta el 90%—, muy superiores a los niveles de hace décadas. Médicos alertan sobre el aumento de síndromes como la hiperémesis cannabinoide, que provoca vómitos incapacitantes, y psicosis inducidas por el consumo frecuente.
Grandes empresas, grandes riesgos
La industria, que facturó más de 30 mil millones de dólares en 2024, ha sido acusada de minimizar los riesgos y comercializar marihuana con empaques atractivos para jóvenes. Ejecutivos priorizan ganancias sobre salud: más del 50% de sus ventas provienen del 20% de consumidores habituales. "Las empresas mienten. Dicen que cura el cáncer o el Alzheimer sin pruebas", denuncian expertos.
Propuestas para frenar la crisis
Ante el fracaso de la estrategia "legalizar y no regular", legisladores proponen:
- Impuestos federales elevados para desincentivar el consumo excesivo, especialmente en productos con alto THC.
- Límites a la potencia: prohibir concentrados superiores al 60% de THC, equiparándolos a restricciones sobre bebidas alcohólicas fuertes.
- Sanciones a dispensarios que prometan beneficios médicos no comprobados.
Mientras algunos estados avanzan en regulaciones, la ausencia de estándares federales genera disparidades. "No podemos repetir los errores del tabaco o el alcohol", advierten especialistas. El desafío ahora es equilibrar la libertad individual con políticas que reduzcan el daño sin retroceder a la prohibición.
Con información de The New York Times





