El Pentágono está considerando enviar 10.000 soldados adicionales, junto con vehículos blindados, a Oriente Medio en un intento de intensificar la presión sobre Irán. Esto ocurre en un momento de creciente tensión en la región y tras una tregua temporal en los ataques a infraestructuras energéticas.
Según fuentes del Departamento de Guerra, el despliegue incluiría tropas terrestres y blindados, marcando un cambio significativo en la estrategia militar de Estados Unidos hacia Teherán. La medida busca fortalecer la capacidad de disuasión frente a las amenazas iraníes contra Israel y los países del Golfo, así como asegurar puntos estratégicos como la isla de Jarg y los estrechos de Ormuz y Bab al Mandeb, vitales para el comercio mundial de petróleo.
El presidente Donald Trump ha reiterado su preferencia por una solución negociada, pero las conversaciones con Irán no han avanzado. A pesar de su retórica, Trump enfrenta una opinión pública dividida. Una encuesta reciente muestra que el 55% de los estadounidenses rechaza el envío de tropas terrestres, mientras que solo el 7% apoya un gran despliegue militar.
En un movimiento sorpresivo, Trump anunció la ampliación de una moratoria de ataques a infraestructuras energéticas iraníes hasta el 6 de abril, citando una solicitud directa de Teherán. Este plazo se perfila como un momento crítico para la diplomacia, ya que si no se logran avances, el envío de tropas podría pasar de ser una opción a una realidad.
Irán ha advertido que cualquier incursión terrestre será respondida con acciones enérgicas contra activos estadounidenses y sus aliados. Además, el régimen ha comenzado a integrar a menores de 12 años en sus patrullas de seguridad urbana para liberar efectivos hacia el frente, una medida que refleja la gravedad de la situación.
El 6 de abril podría ser determinante. Si la diplomacia no avanza, Oriente Medio podría enfrentar una escalada militar sin precedentes en los últimos años.





