EE.UU. desplegó su tecnología militar más avanzada para capturar a Nicolás Maduro en una operación relámpago que dejó inútil el sistema de defensa venezolano. El EA-18G Growler, un avión de guerra electrónica, "ciegó" los radares y neutralizó las defensas antiaéreas del país sudamericano, permitiendo el bombardeo de blancos estratégicos y la extracción del exmandatario.
Venezuela contaba con el sistema de defensa aérea más sofisticado de Latinoamérica, compuesto por misiles y radares rusos y chinos. Sin embargo, estos quedaron inoperantes ante el poderío tecnológico estadounidense. Expertos señalan que los Growlers no solo interfirieron las comunicaciones, sino que engañaron a los radares simulando múltiples aeronaves fantasma.
La operación, denominada "Resolución Absoluta", combinó aviones furtivos F-35 Lightning II y F-22 Raptor, junto a drones de reconocimiento. Mientras las defensas venezolanas quedaban paralizadas, fuerzas especiales capturaron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, sin mayor resistencia.
El Growler, descrito como un "escudo invisible", puede volar a casi el doble de la velocidad del sonido y operar a 15.000 metros de altura. Su misión no es destruir con bombas, sino dejar al enemigo sin capacidad de ver, comunicarse o reaccionar.
Analistas destacan que esta acción marca un precedente en el uso de guerra electrónica en la región, demostrando la vulnerabilidad de sistemas considerados de última generación. El régimen chavista, que durante años invirtió en armamento antiaéreo, no pudo detectar ni responder a los ataques.
La caída de Maduro se consumó en horas, con daños colaterales limitados pero suficientes para desarticular cualquier intento de resistencia. El mensaje es claro: en la guerra moderna, quien controla el espectro electrónico domina el campo de batalla.





