EE.UU. negocia en secreto con el nieto de Raúl Castro para presionar al régimen cubano
La administración de Donald Trump mantiene conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del exlíder cubano Raúl Castro, en un intento por acelerar la caída del régimen comunista en la isla. Según fuentes cercanas al gobierno estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio, lidera los contactos, buscando una transición política que evite el colapso total del país.
Rodríguez Castro, de 41 años y apodado "El Cangrejo", es considerado una figura clave dentro del círculo de poder cubano. Además de ser el principal cuidador de su abuelo, tiene vínculos con GAESA, el conglomerado empresarial controlado por los militares, lo que lo convierte en un interlocutor estratégico para Washington.
Estrategia similar a la usada en Venezuela
El acercamiento recuerda la táctica empleada contra Nicolás Maduro, donde EE.UU. combinó sanciones económicas con negociaciones discretas con figuras del chavismo. En Cuba, el objetivo sería facilitar una salida pacífica para el régimen, evitando un vacío de poder como el ocurrido en Irak tras la caída de Saddam Hussein.
Sin embargo, el escenario cubano es más complejo. A diferencia de Venezuela, la oposición local carece de fuerza organizada, y el Partido Comunista mantiene un férreo control sobre la sociedad. Además, sectores duros de la diáspora cubana en Florida rechazan cualquier acuerdo que deje impunes a los Castro.
Crisis económica y presión máxima
Cuba enfrenta su peor crisis en décadas: apagones generalizados, escasez de alimentos y medicinas, y el colapso del turismo. La situación empeoró tras la salida de Maduro, quien proveía petróleo subsidiado. Trump ha reforzado las sanciones y amenazado con cortar otros suministros energéticos, mientras Rubio explora opciones para una transición.
Aunque el gobierno cubano niega cualquier diálogo con Washington, analistas sugieren que EE.UU. ignora deliberadamente al presidente Miguel Díaz-Canel, considerándolo una figura sin poder real. La pregunta ahora es si Rodríguez Castro podría convertirse en el puente hacia un cambio o si la presión desencadenará una confrontación abierta.
Mientras tanto, el reloj corre para La Habana, con una población cada vez más desesperada y un régimen acorralado por las sanciones y la crisis interna.




