EE.UU. dispara más de 850 misiles Tomahawk en solo un mes de conflicto con Irán
El Pentágono ha lanzado más de 850 misiles de crucero Tomahawk en las primeras cuatro semanas de su escalada bélica con Irán, según fuentes internas. El ritmo vertiginoso de gasto de estas armas de precisión —claves en ataques estratégicos— ha encendido las alarmas entre altos mandos militares, que ya debaten cómo reforzar sus reservas ante un conflicto que no da señales de frenar.
Las cifras revelan una intensidad operativa sin precedentes en décadas: equivale a casi el 20% del arsenal total de Tomahawks que EE.UU. mantenía en stock antes de la crisis. Cada uno de estos misiles, con un alcance de 1.600 km y un costo de 2 millones de dólares, es capaz de impactar blancos con una precisión de metros.
Preocupación logística
Funcionarios del Departamento de Defensa admiten en privado que el consumo superó las proyecciones iniciales. "Estamos ante un escenario de desgaste acelerado", reconoció una fuente bajo anonimato. El temor es que, de continuar este ritmo, las reservas podrían tensionarse en los próximos meses, especialmente si el conflicto se extiende a otros frentes en Oriente Medio.
El Pentágono ha activado protocolos de emergencia con contratistas de defensa como Raytheon —principal fabricante de los Tomahawk— para acelerar producción. Sin embargo, expertos advierten que fabricar estos sistemas complejos requiere meses, incluso bajo prioridad máxima.
Contexto global
La crisis con Irán ya había llevado a EE.UU. a redistribuir armamento desde otras regiones, incluidos depósitos en Europa y Asia, según documentos filtrados. Aliados como Israel y Arabia Saudita monitorean de cerca la situación, mientras Rusia y China aprovechan para cuestionar la dependencia occidental de tecnología militar estadounidense.
El gasto masivo de misiles refleja la estrategia de Washington: minimizar bajas propias con ataques a distancia, pero también expone vulnerabilidades en su capacidad para sostener guerras prolongadas. Con tensiones aún crecientes en el Golfo, el mundo observa si el arsenal más poderoso del planeta puede mantener su ritmo.




