La economía del Reino Unido se contrajo un 0,1% en abril de 2026, según datos revelados por la Oficina Nacional de Estadística. La ministra de Finanzas, Rachel Reeves, aseguró que el plan económico del gobierno es "el correcto", pese a la preocupante cifra que refleja un declive en el crecimiento. El principal factor detrás de esta contracción es el conflicto en Oriente Medio, específicamente el cierre del estrecho de Ormuz, que ha disparado los precios de la energía y afectado gravemente al sector servicios, eje central de la economía británica.
El bloqueo del estrecho de Ormuz ha provocado una caída del 0,2% en la producción del sector servicios respecto a marzo de 2026. Sectores como las artes, el entretenimiento y el deporte han sido los más perjudicados por la cancelación masiva de eventos en la región. Además, las ventas minoristas se desplomaron, borrando las ganancias registradas en marzo, cuando los consumidores acudieron en masa a las gasolineras ante el temor de un aumento aún mayor en los precios de los combustibles.
Este escenario no resulta completamente inesperado. El Reino Unido depende en gran medida de las importaciones de energía, lo que lo hace especialmente vulnerable a las crisis geopolíticas. El conflicto en Irán no solo ha elevado los costos energéticos, sino que también ha generado una sensación de inseguridad entre empresas y hogares, reduciendo el consumo y la inversión. A pesar de esto, el país mantuvo un crecimiento del 0,7% en el primer trimestre de 2026, lo que sugiere que la economía aún conserva cierto impulso.
En medio de esta situación, el Banco de Inglaterra (BoE) decidió mantener los tipos de interés en el 3,75% en su próxima reunión, priorizando el crecimiento económico sobre el endurecimiento monetario. Esta decisión contrasta con la del Banco Central Europeo (BCE), que elevó los tipos para combatir la inflación. El BoE considera que un mayor ajuste monetario solo agravaría la debilidad económica, el mercado laboral frágil y el crecimiento salarial ralentizado.
Expertos como Ruth Gregory, de Capital Economics, advierten que el fuerte impulso de crecimiento de principios de año está flaqueando. Thomas Pugh, economista de RSM UK, fue aún más directo: incluso si el conflicto en Oriente Medio termina pronto, el aumento de los precios de la energía y los costes de endeudamiento, combinados con la inestabilidad política, podrían frenar el crecimiento hasta niveles casi estancados.
Jeremy Hunt, exministro de Hacienda, señala en su libro "¿Podemos volver a ser ricos?" que el lento crecimiento económico del Reino Unido en las últimas dos décadas se debe a una serie de crisis internas y externas. Aunque el país cuenta con un sector financiero robusto, un sistema universitario de renombre y un gran ecosistema tecnológico, las barreras al trabajo, la inversión y la innovación han impedido que estas ventajas se traduzcan en crecimiento real.
Mientras tanto, Reeves defendió que las políticas del gobierno han puesto al país en una posición más sólida para afrontar los costos del conflicto. Hunt, por su parte, instó al Partido Laborista a ser más ambicioso en la construcción de viviendas y abogó por un sistema de zonificación más claro para los promotores inmobiliarios. Además, planteó la necesidad de explotar las reservas de petróleo y gas del Mar del Norte y reducir la burocracia que frena los proyectos de energía nuclear y renovable.
En definitiva, la contracción del 0,1% en abril de 2026 es solo un síntoma de un problema más profundo: el Reino Unido ha postergado reformas clave en fiscalidad, bienestar social, planificación y mercado laboral durante décadas. Yael Selfin, economista de KPMG, describió el panorama como "un resurgimiento de la fragilidad", un deterioro progresivo que dificulta al país resistir los embates externos. Este declive silencioso amenaza con consolidarse si no se toman acciones contundentes.





