El dólar alcanza su nivel más alto en México desde enero, subiendo casi un 1,9% en una sola jornada, impulsado por la creciente tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán y la búsqueda global de activos refugio. Este aumento se produce mientras el conflicto en el Estrecho de Ormuz eleva abruptamente los precios del petróleo Brent y WTI, generando temores de un shock inflacionario energético.
El mercado está castigando con especial dureza a las monedas emergentes como el peso mexicano, que enfrenta mayores desafíos ante la volatilidad global y el encarecimiento de los insumos energéticos. En contraste, Estados Unidos se posiciona como un refugio más seguro debido a su independencia energética.
En el ámbito doméstico, México llega a esta coyuntura con vulnerabilidades económicas que amplifican la presión sobre el peso. El país registró en enero un déficit comercial de USD 6,48 mil millones, marcado por una caída del 33,5% en las exportaciones petroleras y un descenso del 9% en los envíos automotrices a Estados Unidos.
Aunque el PIB del cuarto trimestre de 2023 fue revisado al alza a un 0,9%, el nuevo impuesto del 10% a las importaciones en Estados Unidos, vigente desde el 24 de febrero, introduce un riesgo adicional para las exportaciones mexicanas.
Por otro lado, el Banco de México (Banxico) mantuvo su tasa de interés en el 7%, lo que proporciona cierta estabilidad nominal, pero no es suficiente para contrarrestar la fortaleza del dólar impulsada por factores globales.
La dinámica energética juega un papel crucial en este escenario. Mientras el repunte del crudo podría mejorar los ingresos petroleros de México, un shock sostenido en los precios del petróleo podría generar mayores costos, presión inflacionaria y ralentización económica, especialmente en un contexto de incertidumbre geopolítica.
En el frente técnico, el dólar en México (USDMXN) mantiene un sesgo alcista, consolidándose cerca de 17,65 después de un pico en 17,87. Los analistas sugieren que la tendencia sigue vigente, con niveles clave de soporte en 17,60 y resistencia en 17,87.
Este escenario subraya la fragilidad de las economías emergentes frente a los shocks globales y la importancia de monitorear la evolución del conflicto geopolítico y sus repercusiones en los mercados financieros internacionales.





