Demócrata estadounidense apoya a republicano en polémica campaña marcada por tensiones sobre Israel y racismo
Una congresista demócrata de Michigan, Haley Stevens, ha desatado una crisis en su partido al respaldar públicamente al candidato republicano al Senado Mike Rogers, en una jugada que ha sido calificada como "traición" por líderes demócratas como Chuck Schumer y Nancy Pelosi. El apoyo de Stevens, justificado en la oposición al "radicalismo" del candidato demócrata Abdul El-Sayed, amenaza con debilitar las posibilidades de su partido de ganar el control del Senado.
Stevens, autoproclamada "demócrata sionista", ha alineado su postura con la de Rogers, quien lidera una campaña marcada por acusaciones islamófobas contra El-Sayed, hijo de padres egipcios y crítico de la política exterior de EE.UU. en Oriente Medio. Rogers ha insinuado vínculos del candidato demócrata con el "terrorismo" por su oposición al apoyo incondicional a Israel y su rechazo al genocidio en Gaza.
El escándalo destapa las profundas divisiones en el Partido Demócrata. Mientras la cúpula intenta presentar un frente unido, figuras como Stevens —beneficiaria del lobby proisraelí AIPAC— priorizan la alianza con sectores conservadores antes que respaldar a una izquierda incómoda. Stevens ya había ganado su escaño en 2022 con financiamiento de AIPAC, tras promover políticas laborales favorables a las automotrices en detrimento de los sindicatos.
Campaña envenenada
Rogers ha intensificado una retórica racista, acusando a El-Sayed de deslealtad por estudiar en Oxford y asociarse con activistas pro palestinos. Esta narrativa ha sido secundada por grupos de extrema derecha, como el de Jake Lang, que protestó frente a un acto de Barack Obama en Detroit con consignas xenófobas. Stevens, aunque moderó su lenguaje, también tachó a El-Sayed de "radical", comparándolo con un candidato vinculado a simbología nazi.
Analistas señalan que el conflicto refleja la batalla por el alma del partido: mientras la base exige mayores cambios, el establishment demócrata busca mantener su vínculo con donantes y votantes conservadores. Stevens, cercana al expresidente Obama, personifica esta tensión al priorizar la "estabilidad" sobre reivindicaciones progresistas.
Implicaciones globales
El apoyo de Stevens a Rogers refuerza la política exterior intervencionista de EE.UU., incluido el respaldo a Israel. Su decisión contrasta con el creciente rechazo global al genocidio en Gaza y aumenta el riesgo de que el Partido Republicano, bajo un posible segundo mandato de Trump, intensifique su agenda antiinmigrante y belicista.
El caso expone las limitaciones de la izquierda dentro de un partido atado a los intereses del capital. Aunque El-Sayed ha moderado su discurso para ganar electores —renunciando a propuestas como desfinanciar a la policía—, su campaña sigue siendo vista como una amenaza por el ala conservadora demócrata. La ruptura de Stevens anticipa batallas más duras en un escenario donde la ultraderecha gana terreno.





