Venezuela celebra la Navidad anticipadamente mientras enfrenta graves problemas de electricidad y críticas a la gestión gubernamental. Este domingo, la presidenta encargada Delcy Rodríguez oficializó el inicio de las festividades, una medida que ha sido cuestionada por el diputado opositor Henrique Capriles, quien señaló que la decisión ignora las dificultades que enfrentan los ciudadanos, incluyendo cortes de luz que superan las ocho horas en varios estados.
Capriles, ex candidato presidencial, criticó en su cuenta de X (antes Twitter) que Rodríguez siga el ejemplo de Nicolás Maduro, quien durante su mandato también adelantó las celebraciones navideñas en momentos de crisis. El diputado subrayó que los venezolanos necesitan "salarios que alcancen, servicios públicos que funcionen y un gobierno que respete a su gente", en lugar de medidas simbólicas en medio de problemas concretos.
La medida llega en un contexto complejo para el país. Además de los recurrentes apagones, Venezuela sigue enfrentando las secuelas de los terremotos del pasado junio, que afectaron gravemente zonas como La Guaira. Estos eventos han exacerbado las dificultades económicas y sociales, en medio de un panorama político marcado por tensiones internas y presión internacional.
La tradición de adelantar la Navidad no es nueva en Venezuela. Maduro la implementó en varias ocasiones desde 2013, coincidiendo con momentos críticos de su gobierno. En 2025, por ejemplo, la medida fue anunciada en medio de un despliegue militar estadounidense en el Caribe, un evento que culminó con la captura del mandatario y su esposa, Cilia Flores.
Aunque las autoridades buscan generar un ambiente festivo, la decisión ha sido recibida con escepticismo por sectores de la oposición y la ciudadanía, quienes ven en esta medida una desconexión con los problemas urgentes del país. La situación plantea interrogantes sobre cómo el gobierno abordará las demandas de la población en un contexto de creciente descontento.
A medida que avanzan las festividades, Venezuela enfrenta el desafío de reconciliar la celebración simbólica con la realidad de millones de ciudadanos que siguen esperando soluciones concretas a sus necesidades básicas. El futuro cercano podría definir la capacidad del gobierno para responder a estas exigencias en un clima político y social cada vez más complejo.








