Cubanos varados en México: el sueño americano truncado por Trump
En la trastienda turística de Cancún, lejos de los lujosos resorts, trabajan cubanos como José y Ernesto, atrapados en el limbo migratorio. Lo que comenzó como una huida del régimen comunista se convirtió en una odisea sin fin cuando la administración Trump cerró las puertas de EE.UU.
José, de 43 años, invirtió 28 años en reunir los 5.000 dólares que le exigieron las mafias para sacarlo de Cuba. "Con un salario de un dólar al día, te demoras más de 5.000 días. Teníamos que sobrevivir", relata. Tras llegar a México, su plan de alcanzar Miami se esfumó. Ahora lava coches en Alfredo V. Bonfil, un pueblo donde la jungla y la autopista al aeropuerto ocultan la realidad de los migrantes.
Las cifras son contundentes: las entradas de migrantes a México cayeron un 87% en 2025 tras el regreso de Trump a la Casa Blanca. Pero los cubanos son la excepción. Según la Organización Internacional para las Migraciones, aunque representan solo el 8% de los encuentros migratorios, sus solicitudes de regularización son las que más crecen. De 13.000 deportados desde EE.UU., más de 4.300 eran cubanos, el grupo más numeroso.
De profesión: esperar
Ernesto, de 37 años, llegó con un visado de turista que ya expiró. Licenciado en Derecho, en Cuba conducía autobuses turísticos durante el breve deshielo con Obama. "Había mucho trabajo. Llegaban cruceros americanos a La Habana", recuerda. Pero todo cambió: "Trump revolucionó Cuba; lo deshizo todo". La pandemia hundió la economía isleña, donde un paquete de pollo puede costar el doble que un salario mensual.
La abogada migratoria Silvia Quevedo explica que la mayoría de los cubanos no quieren quedarse en México: "Esperan que EE.UU. flexibilice sus políticas para intentarlo de nuevo". Mientras, enfrentan xenofobia y extorsión. "Sin temor a equivocarme, los que más sufren son los cubanos", afirma Quevedo. Les cobran el doble por rentar una habitación y son víctimas de secuestros exprés, bajo la suposición de que tienen familiares en EE.UU. que pagarán rescate.
Historias de desarraigo
Andrés, otro migrante, huyó después de que la Seguridad del Estado cubana amenazara a su madre. "Me querían callar, pero yo no quería callarme", cuenta. Tras pasar por Nicaragua, donde vio "camionetas grandes metiendo gente sin explicación", terminó en México como albañil, en medio de la burbuja inmobiliaria de la Riviera Maya.
El panorama es desolador para los deportados. Josué Leal, director de un albergue en Villahermosa, describe casos de octogenarios con enfermedades crónicas abandonados a su suerte: "Estamos abriendo expedientes para adultos mayores que ahora son nuestra responsabilidad".
Mientras tanto, en el túnel de lavado donde José trabaja jornadas de 11 horas, el mar está a solo kilómetros de distancia, pero tan inalcanzable como el sueño americano. "Aún quiero ir a EE.UU., pero cuando no esté Trump", dice, mientras seca un coche con la mirada perdida hacia el norte.





