El petróleo alcanzó niveles récord tras un drástico aumento del 29% en su precio, llegando a los 119 dólares por barril, después de que el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel escalara durante el fin de semana. Esta subida histórica ha disparado las alarmas en los mercados internacionales y ha llevado a los líderes del G7 a considerar medidas de emergencia para estabilizar la economía global.
Las tensiones se intensificaron cuando las fuerzas israelíes lanzaron ataques aéreos contra instalaciones petroleras iraníes cerca de Teherán, destruyendo al menos cuatro depósitos de combustible y un centro de transferencia de petróleo. Los ataques provocaron grandes incendios y cortes en el suministro de combustible en la capital iraní. En respuesta, Irán disparó misiles y drones contra posiciones israelíes e infraestructura energética en la región del Golfo Pérsico, incluyendo intentos de atacar plantas de desalinización y refinerías en países vecinos.
El Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, también se ha visto afectado. El tráfico de petroleros prácticamente se paralizó tras varios ataques y amenazas, interrumpiendo el flujo del 20% del suministro mundial de petróleo. Esta situación se suma a las interrupciones de producción en países como Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, donde las entregas de crudo se han visto retrasadas debido a la falta de acceso de los buques.
Ante la crisis, los países del G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) están considerando una liberación coordinada de entre 300 y 400 millones de barriles de las reservas estratégicas de emergencia. Esta medida, equivalente al 25-30% de las reservas globales, busca reducir temporalmente los precios del petróleo. Sin embargo, expertos advierten que tales intervenciones históricamente han tenido un impacto limitado, reduciendo los precios entre 10 y 20 dólares por barril sin resolver los desequilibrios de oferta a largo plazo.
El aumento del precio del petróleo en las últimas semanas ya supera el 80% desde principios de año, marcando el mayor shock de precios en décadas. Este repunte, impulsado en gran parte por la escalada del conflicto en marzo, aún no se reflejará en los datos de inflación que se publicarán esta semana. Así mismo, el West Texas Intermediate ha registrado ganancias mensuales del 53%, situándose en niveles no vistos desde la pandemia de COVID-19.
La situación ha puesto en alerta a los mercados internacionales, que temen un impacto duradero en la economía global si el conflicto no se desescala pronto. Mientras tanto, los ministros de finanzas del G7 preparan una reunión de emergencia para discutir las consecuencias económicas y coordinar una respuesta conjunta.





