El aumento de los precios de los combustibles en México podría ser el primer efecto visible del reciente conflicto en Medio Oriente, según expertos de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). La escalada de tensiones entre Israel, Estados Unidos e Irán ha generado preocupación en los mercados energéticos globales, con posibles repercusiones directas para la economía mexicana.
El doctor Herminio Sánchez de la Barquera Arroyo, especialista en relaciones internacionales, advirtió que el ataque liderado por Israel y Estados Unidos contra Irán no solo representa un riesgo geopolítico grave, sino también un debilitamiento del derecho internacional. “Estamos en una época de rupturas”, afirmó, destacando que las decisiones unilaterales de las potencias están alterando el equilibrio mundial.
Un punto clave de preocupación es el Estrecho de Hormuz, una ruta estratégica por la que circula una parte importante del petróleo mundial. Varias navieras han suspendido temporalmente sus operaciones en la zona ante posibles represalias de Irán, lo que ya ha provocado presiones al alza en los precios del crudo y otros energéticos.
Aunque México no importa petróleo directamente de Medio Oriente, más del 50% del gas natural y las gasolinas que consume provienen de Estados Unidos. Esto significa que cualquier incremento en los precios internacionales tendría un impacto inmediato en el país. En 2009, tensiones similares en la región provocaron un aumento del crudo de casi el 20%, lo que afectó severamente a la economía mexicana.
El experto también subrayó que para Israel evitar que Irán desarrolle capacidad nuclear es un tema existencial. Sin embargo, señaló que los intentos de cambio de régimen impulsados desde el exterior rara vez han resultado en estabilidad. En su opinión, lo más probable es un periodo prolongado de incertidumbre, con posibles represalias, cierres de espacios aéreos y afectaciones al comercio y turismo en la región.
Además, potencias como Rusia y China han limitado su respuesta a protestas diplomáticas, lo que refleja un reacomodo del poder internacional y deja a Medio Oriente en una situación de alta volatilidad. Este escenario podría prolongar las tensiones y mantener los mercados energéticos bajo presión en el corto plazo.





