El conflicto en Medio Oriente ha golpeado duramente a Argentina, encareciendo los costos de producción agrícola a través del aumento del gasoil y los fertilizantes. Según un informe de la Sociedad Rural Argentina (SRA), estos incrementos impactan tanto en la campaña actual como en la planificación de la próxima siembra, poniendo en riesgo la economía del sector agropecuario del país. La tensión en el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 25% del petróleo mundial, ha elevado los riesgos logísticos y disparado los precios de la energía en todo el mundo. En solo semanas, el barril de petróleo registró subas de entre 42% y 50%, marcando la sensibilidad del mercado ante las crisis geopolíticas.
El gasoil grado 2, utilizado para maquinaria agrícola, aumentó un 22% en Argentina entre febrero y marzo, pasando de $1.775 a $2.166 por litro. Esto ocurre en un momento crítico para el sector, durante la cosecha gruesa, donde el combustible es esencial tanto para las labores como para el transporte de la producción. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, solo el 15% de las 8 millones de hectáreas de maíz han sido cosechadas, mientras que la totalidad de las 17,6 millones de hectáreas de soja aún está por trillar.
El aumento del gasoil también ha encarecido los costos logísticos. El combustible representa cerca de un tercio del costo del transporte de cargas, lo que ha generado incrementos estimados de entre 6% y 7% en los fletes agrícolas. El impacto no es uniforme: en zonas alejadas de los puertos, el aumento del flete puede alcanzar hasta $5 por tonelada, afectando especialmente a productores en regiones distantes. Este encarecimiento también repercute en el precio que recibe el productor: en cultivos como el maíz y el trigo, el costo del flete puede representar entre el 20% y el 22% del valor final, reduciendo los márgenes de ganancia.
El segundo factor clave es el aumento de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados. La urea, uno de los más utilizados, registró un incremento del 36% a nivel internacional en apenas tres semanas, mientras que en Argentina el aumento fue del 42%, con precios que pasaron de $530 a $750 por tonelada. Este producto depende en gran medida de las importaciones, principalmente de países del Golfo Pérsico y Egipto, regiones directamente afectadas por el conflicto. Aunque Argentina produce cerca de 1,2 millones de toneladas de urea al año, sigue siendo un mercado fuertemente integrado al comercio internacional, lo que explica la rápida reacción de los precios ante cualquier alteración en estas zonas estratégicas.
Frente a este escenario, el gobierno nacional ha adoptado medidas para mitigar el impacto, como permitir que las refinadoras incorporen voluntariamente hasta un 15% de bioetanol en las naftas. Sin embargo, la SRA advierte que el impacto final dependerá de la duración del conflicto. En el corto plazo, el aumento del gasoil encarece las tareas de cosecha y transporte, pero, si la situación se prolonga, el foco se trasladará hacia los fertilizantes, afectando de manera más profunda la ecuación económica de la campaña fina 2026/27.
Según estimaciones, los costos de producción del trigo podrían incrementarse entre un 9,5% y un 11%, lo que equivaldría a un aumento de alrededor de $58 dólares por hectárea. Este incremento se explica principalmente por la suba de la urea ($39 adicionales) y el mayor costo del gasoil y los fletes ($19 adicionales). Argentina, uno de los principales exportadores agrícolas del mundo, enfrenta así un desafío crítico que podría tener repercusiones tanto en su economía interna como en los mercados internacionales de alimentos.





