China ha rechazado las nuevas sanciones económicas impuestas por Estados Unidos contra Irán, afirmando que las medidas de presión no son la solución a la crisis. El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el 21 de agosto una ofensiva económica sin precedentes para aislar a Teherán, advirtiendo que los países que apoyen económicamente a Irán enfrentarán graves consecuencias.
En una conferencia de prensa, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin Jian, aseguró que Pekín aboga por resolver la situación mediante "medios políticos y diplomáticos" en lugar de sanciones. China, uno de los mayores compradores de petróleo iraní, llamó a todas las partes involucradas a actuar de manera responsable, aunque no aclaró cómo respondería a posibles medidas estadounidenses contra sus relaciones comerciales con Irán.
Trump describió la iniciativa como un "Día D económico", destinado a cortar las vías de financiación de Teherán. La ofensiva incluye acciones contra el contrabando de petróleo, las transferencias de efectivo y el uso de empresas pantalla, entre otras operaciones financieras. El mandatario instó a los aliados de EE.UU. a unirse al aislamiento de Irán, intensificando así la presión sobre el país persa.
Esta medida llega después de la expiración, el pasado lunes, del alto el fuego bilateral alcanzado en junio. Sin embargo, Trump dejó abierta la posibilidad de reanudar las negociaciones en el futuro para poner fin al conflicto. La situación podría generar tensiones adicionales en la región, especialmente entre EE.UU., China y otros socios comerciales de Irán.
El anuncio de Trump marca un nuevo capítulo en la política exterior estadounidense hacia Irán, mientras China se posiciona como un crítico clave de las sanciones, defendiendo un enfoque más diplomático en la resolución del conflicto.








