La economía china se frena: crecimiento más bajo de lo esperado y alertas por su modelo insostenible
La economía china registró una desaceleración más pronunciada de lo previsto en el segundo trimestre, con un crecimiento del PIB de apenas 4,3% entre abril y mayo, dos décimas por debajo de las expectativas. El dato refuerza las dudas sobre la capacidad del gigante asiático para mantener su ritmo de expansión, en un contexto de crisis en sectores clave como el inmobiliario y la industria.
El freno de los motores tradicionales
Pekín enfrenta un desafío doble: mientras las exportaciones mantienen su fortaleza (crecieron un 17,6% en el primer semestre), el consumo interno y la inversión en construcción e industria siguen en picada. El sector inmobiliario, que antes aportaba un tercio del PIB, acumula una caída del 18% en inversiones este año, con precios de viviendas en rojo (-3,3% en 2024). La inversión industrial, por su parte, retrocedió un 5,7%.
La paradoja exportadora
A pesar del enfriamiento interno, China sigue dominando el comercio global. Las ventas al exterior de productos tecnológicos —como chips para inteligencia artificial— se dispararon un 27% solo en junio, impulsadas por la demanda europea de aparatos de aire acondicionado y la escasez global de petróleo, que benefició a sus coches eléctricos (más de un millón exportados en un mes). Sin embargo, este éxito alimenta tensiones con la UE y EE.UU., que acusan a Pekín de inundar los mercados con productos subsidiados.
Incertidumbre y jóvenes sin gastar
El consumo interno sigue estancado: las ventas minoristas solo subieron un 1% en junio, lastradas por el desempleo juvenil y la crisis inmobiliaria, que ha erosionado el ahorro de millones de familias. Aunque el Gobierno prometió reactivar el gasto con un plan para alcanzar 9 billones de dólares en ventas para 2030, los analistas dudan de su impacto frente a un modelo que depende cada vez más de factores externos.
Riesgos en el horizonte
La Oficina de Estadísticas china admitió que la guerra en Irán y sus efectos en los costes energéticos podrían golpear aún más su economía. Con un crecimiento que el FMI proyecta en 4,1% para 2027 —lejos del 5% que buscaba Pekín—, el país enfrenta su prueba más dura desde la pandemia.

