China aprueba polémica ley que permite perseguir críticos en el extranjero
El gobierno chino ha aprobado una controvertida ley que faculta al Estado a perseguir a cualquier persona en el mundo que considere una amenaza para la "unidad étnica". La normativa, llamada Ley de Unidad Étnica y Promoción del Progreso, ha desatado alarmas internacionales por su potencial para silenciar disidentes más allá de sus fronteras.
El texto prohíbe cualquier acto que "mine la unidad étnica o provoque división", obliga al uso del mandarín como lengua principal en escuelas e instituciones públicas, y exige promover el "amor al Partido Comunista". Lo más polémico es el artículo 63, que autoriza acciones legales contra individuos u organizaciones fuera de China que violen la ley, incluso en países democráticos.
Críticas globales y advertencias
Grupos de derechos humanos y la ONU han alertado sobre las "serias implicaciones" de la ley, que podría usarse para reprimir a minorías como tibetanos, uigures y mongoles, cuyas culturas ya han sido erosionadas por políticas de asimilación. Amnistía Internacional teme que cualquier defensa pacífica de estas comunidades sea interpretada como un ataque a China.
La Unión Europea ha amenazado con "consecuencias graves" si la normativa afecta a ciudadanos europeos, mientras que Taiwán ha instado a sus ciudadanos a "extremar precauciones" en territorio chino.
¿Cambios reales o consolidación del control?
Aunque la ley formaliza medidas que China ya aplicaba —como la prioridad del mandarín sobre lenguas minoritarias en regiones como el Tíbet o Xinjiang—, su alcance global marca un peligroso precedente. En 2024, el artista Gao Zhen fue detenido durante una visita familiar por criticar al régimen desde Nueva York, demostrando que Pekín no necesita nuevas leyes para castigar a opositores.
El gobierno chino defiende la normativa como una herramienta para "evitar la discriminación y asegurar el progreso". Sin embargo, expertos señalan que consolida una homogenización cultural forzada, donde las minorías solo son toleradas como atracción turística. Con esta ley, China envía un mensaje claro: su control no tiene fronteras.





