Boston: La ciudad que encarna las tensiones post-Brexit
Nicola Crisp bebe su cerveza en el pub Church Keys de Boston, una ciudad del este de Inglaterra donde el malestar por la inmigración sigue latente. "Es un lugar complicado. Los extranjeros nos hacen sentir inferiores en nuestro propio país", afirma esta mujer de 50 años. Su testimonio refleja una realidad que divide a esta localidad, donde el 75,3% de los votantes apoyó el Brexit en 2016, el porcentaje más alto del Reino Unido.
La llegada masiva de trabajadores de Europa del Este, especialmente de Polonia, Lituania y Rumanía, transformó Boston. Hoy, los extranjeros representan el 25% de su población. Calles con supermercados polacos y casas de apuestas conviven con pubs donde cuelgan banderas inglesas. Pero la integración fracasó. "Viven en burbujas. Ni siquiera aprenden el idioma", lamenta Karolina Wojtasik, una polaca que trabaja en una ONG local.
El Brexit no solucionó los problemas. Los campos y fábricas de la zona siguen dependiendo de mano de obra extranjera, aunque ahora llegan con visados temporales. "Antes venían para quedarse. Ahora no quieren integrarse", explica Viktorija Vatiekune, empleada de una agencia de contratación.
El hartazgo crece. En las últimas elecciones, Boston votó mayoritariamente por Reform UK, el partido ultranacionalista. Mientras, en los pubs, voces como la de Nicola resumen el sentir de muchos: "Habrá siempre más inmigrantes, vengan o no vengan". Una frase que encapsula la frustración de una ciudad que soñó con recuperar su identidad y sigue esperando.





