Aseguradoras británicas cancelan coberturas en el Golfo Pérsico por ataques de Irán e Israel: barcos en alerta máxima
El mercado asegurador del Reino Unido ha retirado abruptamente las coberturas de riesgo de guerra para buques en el Golfo Pérsico tras los recientes ataques entre Irán, Israel y aliados regionales, dejando a la industria marítima en caos. La medida, activa desde el 1 de marzo, afecta aguas territoriales iraníes, el Golfo de Omán y zonas cercanas, obligando a navieras a pagar primas exorbitantes o cancelar rutas.
La aseguradora Gard alertó que los capitanes de barcos ahora tienen autoridad legal para rechazar viajes a puertos considerados inseguros bajo el convenio internacional SOLAS. "Nadie puede obligar a un capitán a arriesgar su barco o tripulación", subrayó un informe. Pero la decisión podría costar millones: si un buque ya está en la zona, su póliza vigente podría protegerlo, pero los nuevos envíos requerirán negociaciones urgentes.
Cláusulas bajo la lupa
Los contratos marítimos están en el centro del conflicto. Cláusulas como "puerto seguro" permiten a los armadores negarse a entrar en áreas de alto riesgo, mientras que términos como CONWARTIME 2013 dan derecho a abandonar zonas en guerra. Sin embargo, Gard advierte: "Todo depende de la letra pequeña. En derecho inglés, no existe 'fuerza mayor' automática".
El golpe financiero recaerá sobre los fletadores, obligados a cubrir primas adicionales si insisten en operar en la región. Mientras, analistas temen retrasos masivos en el transporte de crudo y mercancías, con el 30% del petróleo global pasando por el estrecho de Ormuz, ahora en la mira.
¿Hacia una crisis global?
Con tensiones en alza, la industria navega a ciegas. "Si Irán o Israel escalan los ataques, veremos desvíos masivos por África, encareciendo todo", advirtió un broker londinense. La sombra de los Houthis en el Mar Rojo y ahora este movimiento de las aseguradoras británicas pintan un escenario perfecto para el colapso logístico.
Mientras los tanqueros evalúan cada milla náutica, una pregunta flota en el aire: ¿quién asumirá el costo de una chispa que incendie el comercio mundial?





