Asia sufre el mayor impacto por el cierre del estrecho de Ormuz, según el Banco de Pagos Internacionales
El bloqueo del estrecho de Ormuz ha golpeado con especial dureza a Asia, donde la producción manufacturera depende críticamente del crudo transportado por esa vía marítima. Antes del conflicto en Irán, más del 80% del petróleo y gas natural que circulaba por Ormuz tenía como destino países asiáticos, revela un informe del Banco de Pagos Internacionales (BPI).
Japón, uno de los más afectados, compraba el 95% de su crudo a naciones del Golfo, con el 70% transportado a través de Ormuz. Malasia, Corea del Sur y Tailandia también enfrentan graves consecuencias, ya que importaban entre el 60% y 70% de su petróleo desde esa región.
La escasez no se limita al petróleo y el gas. Fertilizantes, plásticos y productos petroquímicos están en riesgo, lo que amenaza la producción de alimentos y semiconductores. Muchos agricultores asiáticos ya están cambiando cultivos como el maíz por la soja para reducir el uso de fertilizantes, una medida que podría agravar la inseguridad alimentaria en economías vulnerables.
Daños a largo plazo
Los ataques a infraestructuras energéticas en Oriente Medio han dejado secuelas profundas. Solo en Catar, la capacidad de exportación de gas natural licuado se redujo un 17%, y su recuperación total podría tardar hasta cinco años. A nivel global, los retrasos en la fabricación de turbinas de gas se extienden entre tres y cinco años debido a la escasez de componentes.
El BPI advierte que incluso después del conflicto, los suministros seguirán afectados. Más de 40 instalaciones energéticas en nueve países de Oriente Medio sufrieron daños severos, y la reposición de reservas de crudo por parte de potencias como EE.UU., China y la UE mantendrá tensiones en los mercados petroleros hasta al menos 2027.
Mientras Asia busca alternativas, el cierre de Ormuz sigue siendo un recordatorio de la fragilidad de las cadenas de suministro globales en un mundo cada vez más inestable.





