Arabia Saudita interceptó y destruyó este domingo tres drones que ingresaron a su espacio aéreo desde territorio iraquí. El incidente, confirmado por el Ministerio de Defensa saudita, se produce en medio de una creciente tensión regional marcada por los conflictos entre Irán, Estados Unidos e Israel. Las autoridades sauditas han advertido que tomarán "todas las medidas necesarias" para proteger la soberanía y seguridad del país.
El general Turki al-Maliki, portavoz del Ministerio de Defensa saudita, declaró que los drones fueron detectados y neutralizados durante la mañana del domingo. "Tres drones fueron interceptados y destruidos tras entrar en el espacio aéreo del Reino desde el espacio aéreo iraquí", afirmó. Este evento ocurrió el mismo día en que Emiratos Árabes Unidos denunció un ataque con drones contra la central nuclear de Barakah, donde un aparato impactó en un generador eléctrico fuera del perímetro principal, provocando un incendio sin consecuencias radiológicas o víctimas.
Las amenazas con drones se han convertido en una preocupación creciente para los países del Golfo. En los últimos meses, se han registrado varios incidentes similares, incluyendo lanzamientos desde Irak hacia Arabia Saudita y Kuwait. Las autoridades sauditas consideran que estos ataques representan un riesgo significativo para infraestructuras críticas, como instalaciones energéticas y bases militares.
El contexto regional sigue siendo extremadamente volátil. Washington acusa a Teherán de incrementar el uso de drones para presionar a sus adversarios y alterar el tráfico en el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el transporte de petróleo y gas. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió a Irán este domingo: "Para Irán, el reloj sigue corriendo y será mejor que actúen rápido o no quedará nada de ellos". Trump planea reunirse esta semana con sus asesores de seguridad nacional para evaluar nuevas opciones militares.
Mientras tanto, las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán continúan estancadas. Washington exige que Irán desmonte su programa nuclear y ceda el control del estrecho de Ormuz, mientras que Teherán reclama el levantamiento de sanciones y compensaciones por los daños causados en ataques recientes. La crisis ha provocado interrupciones en el tránsito marítimo, afectando el mercado energético global y elevando los precios del petróleo.
El gobierno iraní ha respondido con advertencias contundentes. El portavoz militar Abolfazl Shekarchi afirmó que si Estados Unidos retoma los ataques, enfrentará "escenarios nuevos, agresivos y sorpresivos". La situación en el Golfo sigue siendo un polvorín, con implicaciones potencialmente devastadoras para la estabilidad regional y global.





