La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado un brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC). Las autoridades sanitarias han reportado 28 casos sospechosos y 15 muertes, incluyendo a cuatro trabajadores de la salud, en la provincia de Kasai, ubicada en el centro del país.
El Gobierno congoleño declaró el brote después de que los análisis de laboratorio realizados en el Instituto Nacional de Investigación Biomédica (INRB) de Kinshasa confirmaran casos positivos en las localidades de Bulape y Mweka. Los síntomas detectados incluyen fiebre, vómitos, diarrea y hemorragia.
La OMS ya ha enviado un Equipo Nacional de Respuesta Rápida a la zona, compuesto por expertos en epidemiología, prevención de infecciones y gestión de casos. El objetivo es fortalecer la vigilancia, el tratamiento y las medidas de control en los centros de salud. Además, se han desplegado especialistas en comunicación de riesgos para informar a las comunidades sobre cómo protegerse del virus, que es altamente letal.
El director general de la OMS para África, Mohamed Janabi, aseguró que trabajan con determinación para detener la propagación del virus. "Colaboramos estrechamente con las autoridades sanitarias para intensificar las medidas de respuesta y poner fin al brote lo antes posible", declaró.
Las autoridades han reconocido que el número de casos podría seguir aumentando. Sin embargo, el país cuenta con una reserva de tratamientos y 2.000 dosis de la vacuna contra el ébola, que ya están en Kinshasa y serán trasladadas a la zona afectada. También se ha solicitado más vacunas a nivel internacional.
Entre las víctimas mortales actuales se encuentran dos enfermeras y un técnico de laboratorio. Patrick Otim, jefe del Programa de Respuesta a Emergencias de la OMS, destacó que las prioridades ahora son reforzar la vigilancia, garantizar las medidas de prevención y control, y mejorar la comunicación para combatir la desinformación.
La República Democrática del Congo ha enfrentado 15 brotes de ébola desde 1976. El más mortífero ocurrió entre 2018 y 2020, con más de 3.400 casos y 2.200 muertes. Este nuevo brote recuerda la vulnerabilidad de las comunidades africanas ante enfermedades infecciosas emergentes y la importancia de contar con sistemas de respuesta rápidos y coordinados.





