Una joven activista serbia de 22 años, Nikolina Sindjelić, denunció haber sido maltratada y amenazada con ser violada por agentes policiales durante una protesta anticorrupción en Belgrado. Días después, fotos íntimas suyas, incluyendo algunas de cuando era menor de edad, fueron difundidas en redes sociales y medios afines al Gobierno. El caso ha desatado una ola de indignación en Serbia, donde las protestas contra la corrupción llevan meses sacudiendo el país.
El incidente ocurrió el 14 de agosto, cuando Nikolina y otros manifestantes fueron interceptados por policías enmascarados mientras caminaban por la calle Nemanjina. Según la joven, los agentes la insultaron, le rompieron el teléfono y amenazaron con violarla en presencia de todos. "El comandante me dijo que iba a hacerlo delante de todos", relató Nikolina en una entrevista. Tras ser liberada, la situación se agravó con la difusión de sus fotos personales en plataformas digitales y un canal de televisión progubernamental.
Este caso ha puesto en evidencia no solo la violencia institucional, sino también la creciente presencia de mujeres jóvenes en las protestas serbias, que se han convertido en las principales víctimas de represión y acoso. Organizaciones feministas como FemPlatz han documentado más de 50 casos de violencia grave contra manifestantes mujeres desde que comenzaron las protestas en noviembre de 2023. "Estas tácticas buscan humillar públicamente a las mujeres y silenciar su disidencia", afirmó Biljana Janjic, directora de FemPlatz.
El Gobierno serbio, liderado por Aleksandar Vučić, ha negado las acusaciones. El ministro del Interior, Ivica Dačić, rechazó las denuncias de Nikolina y sugirió que estaba mintiendo. "Todas las acciones se llevaron a cabo según la ley", declaró. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han criticado la falta de investigación adecuada en estos casos. Mila Bajić, de la organización Share, destacó que la difusión de las fotos de Nikolina, tomadas cuando era menor, podría constituir un delito de pornografía infantil.
A pesar de la intimidación, Nikolina ha recibido un amplio apoyo de estudiantes y la sociedad civil, convirtiéndose en un símbolo de resistencia. Su caso ha evidenciado cómo la violencia sexual y digital se utiliza como arma para silenciar a las mujeres en Serbia, pero también ha demostrado que las tácticas de represión no siempre logran su objetivo.





