El perfil del deudor en República Dominicana envejece: el 45% tiene entre 31 y 45 años
Casi la mitad de los dominicanos con al menos una deuda en el sistema financiero tiene entre 31 y 45 años, un segmento que ha crecido 11 puntos porcentuales desde 2017. Este cambio refleja una transformación demográfica y un menor acceso al crédito para los jóvenes, según datos de la Superintendencia de Bancos (SB). A diciembre de 2025, el país registró 2.66 millones de deudores únicos, equivalentes al 24.7% de la población, aunque el ritmo de crecimiento de nuevos endeudados se desaceleró notablemente.
Desaceleración en el crédito
El número de nuevos deudores aumentó solo un 2.8% en 2025, seis puntos menos que el año anterior. La SB atribuye esta caída a un entorno financiero más restrictivo, donde las entidades redujeron su apetito por el riesgo. "Las estrategias de gestión son más conservadoras", señala el informe. Del total de deudores, el 98.5% son personas físicas, con una ligera mayoría femenina (49.3%), mientras que las empresas representan apenas el 1.5%.
El factor edad: menos jóvenes, más adultos
La distribución por edades revela un desplazamiento generacional:
- 31 a 45 años: 45.3% de los deudores (frente al 34.3% en 2017).
- 18 a 30 años: Solo el 19.2%, una caída drástica desde el 42.8% en 2017.
- 46 a 61 años: 28.8%.
- Mayores de 62: 6.7%.
El dato sugiere que los jóvenes enfrentan mayores barreras para acceder a préstamos, mientras que la población económicamente activa (31-45 años) asume más deudas, posiblemente por necesidades como vivienda o negocios.
Cartera de crédito: predominio empresarial
La cartera bruta del sistema financiero alcanzó 2.38 billones de pesos (un crecimiento del 9.5%, pero tres puntos menos que en 2024). Los créditos a empresas concentran el 54.6% del total, seguidos por los préstamos de consumo (21.4%) e hipotecarios (18.5%).
Este escenario refleja una economía donde el crédito se concentra en actores establecidos, mientras sectores como los jóvenes y las pymes enfrentan condiciones más ajustadas. La tendencia podría profundizar desigualdades si no se equilibra el acceso al financiamiento.




